Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa
En 1830, en una casa de la calle del Bac de París, una novicia de veinticuatro años dijo haber visto a la Virgen, que le pidió acuñar una medalla. Pasó el resto de su vida cuidando ancianos sin contarle a nadie que la vidente era ella. Esta novena recorre esa historia en nueve días y se reza del 18 al 26 de noviembre.
Novena de nueve días a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, cuyas apariciones a santa Catalina Labouré ocurrieron en París en 1830. Del 18 al 26 de noviembre, víspera de su fiesta el 27.
Antes de empezar
Oración para todos los días
Oh María sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a Ti.
Virgen de la Medalla Milagrosa,
que pediste que se acuñara una medalla
no para que fuera un amuleto,
sino para que cada quien recordara a quién estaba pidiendo:
alcánzame la gracia que necesito,
y si no me conviene, alcánzame otra mejor.
Tú dijiste que muchas gracias quedan sin darse
porque nadie las pide.
Hoy pido.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 1Una novicia de veinticuatro años
En 1830, en la casa de las Hijas de la Caridad del número 140 de la calle del
Bac, en París, una novicia llamada Catalina Labouré dijo haber visto a la
Virgen. Era hija de labradores, apenas sabía escribir y no tenía ninguna
posición. Es con quien Dios decidió contar.
Señor, tú no eliges por currículum. Por intercesión de María, líbrame de pensar
que no sirvo para nada que importe. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 2Las gracias que nadie pide
En la aparición, Catalina vio unos anillos que no despedían luz, y se le explicó
que eran las gracias que la gente olvida pedir. No las negadas: las no
solicitadas.
Señor, ensancha lo que te pido. Que no me conforme con lo poco por miedo a
pedir de más. Por intercesión de María, dame audacia al rezar. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 3La medalla no es un amuleto
Esto hay que decirlo claro porque es donde más se tuerce la devoción. La medalla
no protege por llevarla colgada. Es un recordatorio, una oración en metal. Quien
la lleva sin rezar, lleva un adorno.
Señor, líbrame de la superstición disfrazada de fe. Por intercesión de María,
enséñame la diferencia entre confiar y negociar. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 4Concebida sin pecado
La inscripción que se le pidió grabar fue «Oh María sin pecado concebida, ruega
por nosotros que recurrimos a Ti». Veinticuatro años antes de que la Iglesia
definiera el dogma de la Inmaculada Concepción.
Señor, gracias por quien fue preparada desde el principio para decir que sí. Por
intercesión de María, dame limpieza de intención. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 5El reverso, que casi nadie mira
En la otra cara hay una M con una cruz y, debajo, dos corazones: uno coronado de
espinas y otro atravesado por una espada. No es decoración: es el resumen de
para qué sirve todo esto, que es llegar a Cristo.
Señor, que la devoción a tu Madre no me entretenga por el camino sino que me
lleve a ti. Por intercesión de María, enderézame hacia donde ella señala. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 6Cuarenta y cinco años callando
Catalina no contó a nadie que la vidente era ella. Se lo dijo a su confesor y
punto. Pasó el resto de su vida cuidando ancianos en un asilo de París, y la
comunidad no supo quién era hasta poco antes de su muerte, en 1876.
Señor, líbrame de las ganas de que se sepa lo que hago. Por intercesión de
María, dame gusto por el anonimato. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 7Los pobres de París
Toda su vida adulta la pasó entre ancianos, enfermos y gente sin recursos. La
aparición no la sacó de ahí: la dejó exactamente donde estaba, haciendo lo
mismo.
Señor, que lo extraordinario no me desprecie lo ordinario. Por intercesión de
María, hazme útil donde ya estoy. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 8Los rayos que salen de las manos
En la imagen, de las manos de María salen haces de luz hacia la tierra. Son las
gracias que reparte, y algunos no se ven precisamente porque nadie los ha
pedido.
Señor, pongo delante de ti a los que no saben rezar o han dejado de hacerlo. Por
intercesión de María, pide tú por ellos lo que ellos ya no piden. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 9Lo que vine a pedir
Nueve días después, vuelvo a lo que me trajo.
Señor, te lo pido con nombre y apellido, sin rodeos, como se le pide a quien se
quiere. Si me conviene, concédemelo. Si no, dame la paz de aceptar otra cosa y
los ojos para reconocerla cuando llegue. Por intercesión de la Virgen de la
Medalla Milagrosa, escúchame. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Al terminar
Oración de cierre
Oh María sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a Ti.
Virgen de la Medalla Milagrosa,
que no prometiste una vida sin problemas
sino compañía dentro de ellos:
acompáñanos,
y enséñanos a pedir lo que de verdad hace falta.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
La novena entera
El audio recoge la novena entera. Si vas por un día concreto, el texto de arriba está separado por días.
Cuándo se reza y por qué el 27 de noviembre
La fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa es el 27 de noviembre. Para que el noveno día caiga en la víspera, la novena empieza el 18 de noviembre. Quien prefiera terminar el día de la fiesta empieza el 19.
La fecha no es arbitraria: el 27 de noviembre de 1830 fue el día de la aparición en la que, según el relato de Catalina Labouré, se le mostró el diseño de la medalla y se le pidió que se acuñara. Hubo una aparición anterior, la noche del 18 al 19 de julio de ese mismo año, y de ahí que algunos lugares recen también una novena en julio.
En buena parte de América Latina y en Filipinas la devoción es muy fuerte, y suele estar ligada a las parroquias y colegios vicencianos, es decir a la familia religiosa de san Vicente de Paúl, a la que pertenecía Catalina.
Cada jornada lleva unos cinco minutos: oración de apertura, meditación del día y oración de cierre.
Qué significa cada cosa de la medalla
La medalla no es un adorno con una virgen genérica: cada elemento responde a lo que Catalina describió, y conviene saber qué se lleva colgado.
El anverso. María de pie sobre el globo terráqueo, aplastando la cabeza de una serpiente, con los brazos abiertos y rayos de luz saliendo de sus manos. Alrededor, la inscripción que se pidió grabar: «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti».
Esa frase tiene una importancia histórica concreta. Afirma la Inmaculada Concepción en 1830, veinticuatro años antes de que Pío IX la definiera como dogma en 1854.
Los rayos, y los anillos que no brillan. Los haces de luz son las gracias que se reparten. Y según el relato, algunos anillos no despedían luz: eran las gracias que nadie pide. No las negadas, las no solicitadas. Es la idea más potente de toda la devoción y la que casi nunca se explica.
El reverso, que casi nadie mira. Una M entrelazada con una cruz y, debajo, dos corazones: uno coronado de espinas, el de Jesús, y otro atravesado por una espada, el de María. Doce estrellas alrededor. No es decoración: es el recordatorio de hacia dónde apunta todo esto, que es Cristo.
Lo que la medalla no es, y la vida de Catalina
Hay que decirlo claro porque es donde la devoción se tuerce más a menudo: la medalla no es un amuleto. No protege por llevarla colgada, no funciona como talismán y no obliga a Dios a nada. Es una oración en metal, un recordatorio de a quién se le está pidiendo. Quien la lleva sin rezar lleva un adorno.
El nombre popular, además, lo puso la gente, no la Iglesia. Se acuñó en 1832 como «medalla de la Inmaculada Concepción», y fue el boca a boca de los parisinos el que la rebautizó milagrosa.
La biografía de la vidente es la mejor defensa contra el sensacionalismo. Catalina Labouré (1806-1876) era hija de labradores de Borgoña, con muy poca instrucción. Entró con las Hijas de la Caridad y, después de las apariciones, se lo contó únicamente a su confesor.
Pasó cuarenta y cinco años en un asilo del barrio de Enghien, en París, cuidando ancianos, atendiendo el gallinero y la portería. Su propia comunidad no supo que la vidente era ella hasta poco antes de su muerte. No escribió libros, no dio conferencias y no cobró nada. Fue canonizada por Pío XII en 1947, y su cuerpo se venera en la capilla de la calle del Bac, 140, que sigue siendo uno de los lugares más visitados de París.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo empieza la novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa?
¿La Medalla Milagrosa protege por llevarla puesta?
¿Qué significa «Oh María sin pecado concebida»?
¿Quién fue santa Catalina Labouré?
Fuentes consultadas
- • Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, rue du Bac 140, París
- • Congregación de la Misión y Compañía de las Hijas de la Caridad (familia vicenciana)
- • Pío IX: bula Ineffabilis Deus (1854), definición del dogma de la Inmaculada Concepción
- • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 490-493 (la Inmaculada Concepción) y n. 1674 (religiosidad popular)
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