De Oración
A los santos

Oración al Padre Pío

El 20 de septiembre de 1918, un fraile capuchino de treinta y un años recibió en manos, pies y costado las heridas de la Pasión de Cristo. Las llevaría visibles durante cincuenta años, hasta el día de su muerte. Padre Pío de Pietrelcina es hoy uno de los santos más venerados del mundo, y su consejo más famoso resume una espiritualidad entera: «Reza, espera y no te preocupes».

Redacción de De OraciónPublicado el 14 ago 2026Revisado el 14 ago 20266 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Tradición devocional capuchina · s. XX

Querido Padre Pío,
tú que fuiste elegido por Dios
para llevar en tu cuerpo las sagradas heridas de Jesucristo:
intercede por mí ante el Señor.

Por los cincuenta años que guardaste los estigmas
como testimonio vivo de la Pasión,
alcánzame la gracia de perseverar en la oración
y de no rendirme ante las dificultades de la vida.

Tú que en el confesionario veías los corazones
y los guiabas con firmeza y ternura,
ayúdame a reconocer mis errores,
a confiarlos con humildad a Dios
y a no perder la esperanza en su misericordia.

Tú que repetías siempre:
«Reza, espera y no te preocupes»,
enséñame a entregar a Dios lo que no puedo controlar,
a esperar su tiempo con paz
y a rezar cuando no sepa qué más hacer.

Amén.
Audio narrado

De Pietrelcina a los estigmas: Francesco Forgione, cincuenta años con las heridas de Cristo

Francesco Forgione nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, un pequeño pueblo de la provincia de Benevento, en el sur de Italia. Su familia era humilde: su padre, Grazio, emigró dos veces a América — primero a Brasil, después a Argentina — para costear los estudios religiosos de su hijo.

Entró en la Orden de los Frailes Menores Capuchinos en 1902, a los quince años, tomando el nombre de Pío. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1910. Desde el noviciado manifestó una salud frágil que lo obligaba a pasar largas temporadas fuera del convento, en Pietrelcina, donde desarrolló su vida de oración y contemplación. En 1916 se incorporó definitivamente al convento de Santa María de las Gracias de San Giovanni Rotondo, en la Apulia, donde permanecería hasta su muerte.

El 20 de septiembre de 1918, mientras rezaba ante el crucifijo, recibió los estigmas: las cinco heridas de la Pasión de Cristo en manos, pies y costado. Tenía treinta y un años. Las heridas permanecieron abiertas, dolorosas y sangrantes durante exactamente cincuenta años. El día de su muerte, 23 de septiembre de 1968, los estigmas habían desaparecido por completo, sin dejar cicatrices.

Fue examinado múltiples veces por médicos, incluido el profesor Agostino Gemelli, fundador de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán — también médico y franciscano — quien en un primer examen de 1920 se mostró escéptico. El Vaticano también lo sometió a restricciones pastorales en 1923-24 y 1931-33 mientras se investigaba el fenómeno. Fue beatificado por Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999 y canonizado el 16 de junio de 2002 ante más de 300.000 fieles en la Plaza de San Pedro.

El confesionario, el olor de santidad y los dones extraordinarios

Lo que transformó San Giovanni Rotondo en un lugar de peregrinación fue el confesionario de Padre Pío. Desde que los estigmas se hicieron públicos, los fieles llegaban de toda Italia y después de todo el mundo para confesarse con él. En sus mejores épocas pasaba entre diez y quince horas diarias en el confesionario, con una fila que podía esperar días.

Los testimonios de sus penitentes coincidían en algo que la tradición llama el carisma de lectura de almas: Padre Pío nombraba pecados que el fiel no había confesado, recordaba situaciones concretas que el confesado creía haber olvidado, o interrumpía el relato del penitente para completarlo. Quienes lo experimentaron lo describían no como intimidante, sino como liberador: sentían que alguien conocía exactamente lo que cargaban.

También se documentaron con abundantes testimonios episodios de bilocación — la presencia simultánea en dos lugares distintos — y de un fenómeno que los hagiógrafos llaman odor de santidad: sus heridas desprendían según los testigos un aroma de flores, a veces violetas, a veces rosas, que los presentes identificaban como señal de su cercanía espiritual incluso a distancia.

En 1956 inauguró la Casa del Alivio del Sufrimiento (Casa Sollievo della Sofferenza), un hospital de referencia en San Giovanni Rotondo financiado con donaciones de todo el mundo. Hoy es uno de los hospitales más grandes del sur de Italia, con más de mil camas, y sigue dirigido por la Orden de los Capuchinos.

«Reza, espera y no te preocupes»: la espiritualidad de Padre Pío

El consejo más citado de Padre Pío cabe en cinco palabras italianas: «Prega, spera e non ti agitare» — Reza, espera y no te preocupes. Es también la síntesis más fiel de su espiritualidad.

Su vida estuvo marcada por el sufrimiento físico —los estigmas— que él entendía como participación en la Pasión de Cristo, en la línea de lo que el Catecismo desarrolla en el §1508: los enfermos y quienes sufren están asociados a los sufrimientos de Cristo para el bien de la Iglesia. No lo vivía como castigo, sino como misión: «Ofrezco al Señor los sufrimientos incesantes de mi cuerpo por los pecadores».

Su práctica espiritual concreta descansaba sobre tres pilares. El primero era el Rosario: rezaba dieciséis rosarios diarios y llevaba siempre varias coronas en las manos. El segundo era la Eucaristía: cada Misa celebrada por Padre Pío podía durar más de dos horas — no por lentitud, sino porque quienes asistían relataban que su rostro expresaba una concentración que los dejaba inmóviles. El tercero era la dirección espiritual: fundó los Grupos de Oración de Padre Pío, presentes hoy en más de setenta países con más de tres mil grupos activos.

Su popularidad especial en Argentina conecta con la historia de su familia: su padre emigró a Argentina para costear su formación religiosa. Esa raíz latinoamericana es real, no devocional. Y su consejo — rezar, esperar, no angustiarse — resuena con particular fuerza en culturas donde la incertidumbre cotidiana convierte la esperanza en el recurso más práctico disponible.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los estigmas de Padre Pío y cuánto tiempo los tuvo?
Los estigmas son heridas que reproducen en el cuerpo las llagas de Cristo en la Crucifixión: manos, pies y costado. Padre Pío los recibió el 20 de septiembre de 1918, a los treinta y un años, mientras rezaba ante el crucifijo en la iglesia del convento de San Giovanni Rotondo. Los llevó de forma visible, abierta y dolorosa durante cincuenta años exactos. Cuando murió, el 23 de septiembre de 1968, las heridas habían desaparecido completamente sin dejar cicatrices. Fue el primer sacerdote de la historia de la Iglesia en ser documentado con estigmas permanentes durante tan largo periodo.
¿Cuándo es la fiesta de Padre Pío y dónde está su cuerpo?
La fiesta litúrgica de San Pío de Pietrelcina es el 23 de septiembre, fecha de su muerte en 1968. Su cuerpo descansa en la cripta de la nueva iglesia de San Giovanni Rotondo, en la Apulia (sur de Italia), construida por el arquitecto Renzo Piano e inaugurada en 2004. San Giovanni Rotondo recibe más de siete millones de visitantes al año, siendo el segundo santuario más visitado del mundo católico después de Lourdes. El cuerpo de Padre Pío fue exhumado en 2008 y expuesto públicamente en 2009 para veneración.
¿Es verdad que Padre Pío podía leer los pecados de sus penitentes?
Hay miles de testimonios de penitentes que afirman que Padre Pío nombraba pecados no confesados, completaba relatos que ellos habían omitido o describía situaciones concretas de sus vidas sin haberlos conocido antes. La Iglesia no define este carisma como infalible, sino como un don de discernimiento espiritual (1 Cor 12,10) que se ejerce en el marco de la caridad pastoral. La Congregación para la Doctrina de la Fe estudió estos testimonios en el proceso de beatificación; el resultado fue que no se encontraron razones para dudar de su autenticidad global.
¿Qué quiere decir «Reza, espera y no te preocupes»?
Es el consejo espiritual más citado de Padre Pío: en italiano original, «Prega, spera e non ti agitare». Rezar es actuar — hacer lo que está en manos del ser humano. Esperar es confiar — reconocer que los tiempos son de Dios. No angustiarse es la consecuencia lógica de las dos anteriores: si he rezado y confío, la ansiedad es contradictoria con la fe. Padre Pío lo vivió de forma radical durante cincuenta años de sufrimiento físico constante. No es un consejo de resignación, sino de acción espiritual sostenida: la oración como alternativa a la desesperación.

Fuentes consultadas

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