De Oración
A Jesús

Coronilla de la Divina Misericordia

La oración que Jesucristo reveló a santa Faustina Kowalska en Vilna en 1935 para rezarla con el rosario. Cinco decenas, una jaculatoria en las cuentas grandes y otra en las pequeñas, y un triple acto de alabanza para terminar. Juan Pablo II la convirtió en el centro de la devoción a la Divina Misericordia que hoy celebra toda la Iglesia el segundo domingo de Pascua.

Redacción de De OraciónPublicado el 3 ago 2026Revisado el 3 ago 20266 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Revelada a santa Faustina Kowalska, Vilna, 13–14 de septiembre de 1935 · Diario n.º 476

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

— En cada cuenta grande (cinco veces):

Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en expiación de nuestros pecados y los del mundo entero.

— En cada cuenta pequeña (diez veces por cada decena):

Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

— Para concluir (tres veces):

Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Audio narrado

Origen: la revelación a santa Faustina en Vilna (1935)

La Coronilla nació en las páginas de un diario. Santa Faustina Kowalska (1905-1938), religiosa de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, recibió entre 1931 y 1938 una serie de revelaciones sobre la misericordia de Dios que consignó en su Diario bajo la guía de su director espiritual, el padre Michał Sopoćko.

El 13 de septiembre de 1935, en Vilna (hoy Vilnius, Lituania), durante la adoración eucarística, Faustina recogió en las entradas n.º 474-476 del Diario la forma concreta de la oración que recibió: siete palabras en las cuentas grandes —ofreciendo al Padre Eterno el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Hijo—, y una jaculatoria breve en las cuentas pequeñas pidiendo misericordia por la Pasión. Terminaba con tres invocaciones de alabanza al «Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal».

La oración utiliza un doble anclaje teológico: la Passio Christi como precio de la misericordia y la oblatio eucarística como gesto de mediación. Al ofrecer al Padre «el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad» del Hijo, la Coronilla repite en forma privada el acto sacrificial de la Misa —lo que explica su estrecha vinculación con la Eucaristía en la espiritualidad de Faustina.

Faustina murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, a los 33 años. Juan Pablo II la beatificó en 1993 y la canonizó el 30 de abril de 2000, el mismo día que instituyó la fiesta de la Divina Misericordia para la Iglesia universal.

Cómo rezar la Coronilla paso a paso

La Coronilla se reza con el rosario ordinario de cinco decenas. Toda la oración cabe en un rosario completo: apertura, cinco decenas y cierre. No hay misterios propios —puede rezarse con los misterios del rosario o como oración independiente.

  1. Apertura. Se comienza con la señal de la cruz, un Padre Nuestro, un Ave María y el Credo de los Apóstoles. Son las mismas oraciones con las que arranca el rosario tradicional.
  2. En cada cuenta grande (cinco veces). «Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en expiación de nuestros pecados y los del mundo entero.» Se reza una vez en cada cuenta grande al inicio de cada decena.
  3. En cada cuenta pequeña (diez veces por decena). «Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.» Se reza en cada una de las diez cuentas pequeñas. En total, cincuenta veces a lo largo de las cinco decenas.
  4. Conclusión (tres veces). «Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.» Esta invocación es el Trisagion —la aclamación litúrgica trinitaria presente en la liturgia oriental desde el siglo V— adaptada con el añadido de la petición de misericordia.

La hora de la misericordia, las indulgencias y el Domingo de la Divina Misericordia

La tradición en torno a la Coronilla incluye tres elementos que amplían su práctica más allá de la oración aislada.

La hora de la misericordia (las tres de la tarde). El Diario de Faustina (n.º 1320) señala que Cristo pidió una devoción especial a las tres de la tarde —hora de su muerte en la cruz— como «hora de la misericordia». La Coronilla puede rezarse en cualquier momento, pero la tradición devocional la asocia especialmente a ese momento del día.

Las indulgencias. La Penitenciaría Apostólica concedió en 2002 indulgencias a varias prácticas de la devoción a la Divina Misericordia: indulgencia plenaria el Domingo de la Divina Misericordia para quien comulgue y rece ante una imagen del Señor de la Misericordia; indulgencia parcial para quien rece la Coronilla con devoción en otras circunstancias. Las condiciones habituales de toda indulgencia plenaria se aplican (confesión, comunión, oración por el Romano Pontífice, ausencia de apego al pecado).

El Domingo de la Divina Misericordia. Juan Pablo II instituyó la fiesta el 30 de abril de 2000, fijándola en el segundo domingo del Tiempo Pascual. La fecha estaba ya implícita en el Diario de Faustina (n.º 299), que recoge el deseo de Cristo de que la fiesta se celebrara el domingo siguiente al de Resurrección. La Coronilla es la oración central de esa jornada en todo el mundo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en rezar la Coronilla de la Divina Misericordia?
Entre ocho y doce minutos, dependiendo del ritmo. Es notablemente más breve que un rosario completo de cinco decenas con los misterios, porque las jaculatorias son cortas. Esta brevedad explica en parte su difusión: es una oración completa que cabe en cualquier pausa del día.
¿Qué diferencia hay entre la Coronilla y el rosario?
El rosario se reza con el mismo número de cuentas, pero sus oraciones son distintas: Padre Nuestro, Ave María, Gloria y los misterios. La Coronilla usa esas mismas cuentas para las dos jaculatorias reveladas a santa Faustina y el Trisagion final. Son oraciones independientes; una no sustituye a la otra. Pueden rezarse juntas o por separado.
¿Cuándo empezó la Iglesia a promover esta devoción?
El proceso fue largo. El obispo de Vilna aprobó la difusión del Diario en 1936, pero en 1959 la Congregación del Santo Oficio suspendió temporalmente la difusión por dificultades de traducción que generaban confusiones teológicas. La rehabilitación llegó en 1978 con el cardenal Karol Wojtyła —futuro Juan Pablo II— que impulsó la beatificación y luego la canonización de Faustina (2000) y la institución de la fiesta universal. Desde entonces la devoción tiene pleno respaldo magisterial.
¿Puede rezarse la Coronilla por una persona que está muy enferma?
Sí. El Diario de Faustina recoge (n.º 811) que esta oración tiene una vinculación especial con la hora de la muerte: Faustina anota que Cristo le prometió que quien la recitara junto a un moribundo alcanzaría para él la misericordia en ese tránsito. Por eso es habitual en las parroquias rezarla como acompañamiento en la agonía, junto a la Unción de los Enfermos y las oraciones del Ritual Romano.

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