De Oración
A Jesús

Oración de la Sangre de Cristo

Una de las devociones más antiguas de la piedad cristiana. La fórmula litúrgica que aquí presentamos es la oración final de las Letanías de la Preciosa Sangre, aprobada por Juan XXIII en 1960 e indulgenciada para toda la Iglesia. Se reza especialmente durante julio, mes de la Preciosísima Sangre.

Redacción de De OraciónPublicado el 18 may 2026Revisado el 18 may 20265 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Oración final de las Letanías — aprobada por Juan XXIII, 1960

Dios eterno y todopoderoso,
que constituiste a tu Hijo único
Redentor del mundo,
y quisiste ser aplacado por su Sangre,
concédenos venerar el precio de nuestra salvación
y vernos siempre protegidos
contra los males de esta vida,
para recibir su fruto eterno en el cielo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.
Audio narrado

Una devoción con raíces patrísticas (s. IV)

La devoción a la Preciosa Sangre de Cristo es una de las más antiguas del cristianismo. Aparece ya con peso teológico en los Padres de la Iglesia del siglo IV — san Juan Crisóstomo la desarrolló en sus homilías sobre la Pasión, presentando la Sangre como el «precio de nuestra salvación» derramado en la Cruz. La fórmula resuena hoy en la oración litúrgica que aquí presentamos.

En la Edad Media la devoción cuajó en figuras como san Bernardo de Claraval (s. XII), que en sus sermones sobre el Cantar de los Cantares unió la espiritualidad de la Sangre y del Corazón de Cristo, y santa Catalina de Siena (1347-1380), que la convirtió en eje central de su Diálogo de la Divina Providencia. Catalina firmaba todas sus cartas con la fórmula «en la dulce Sangre de Jesús», y de ella procede buena parte del vocabulario devocional moderno.

En el siglo XIX la devoción tuvo a su gran promotor en san Gaspar del Búfalo (1786-1837), sacerdote romano que el 15 de agosto de 1815 fundó la Congregación de los Misioneros de la Preciosísima Sangre, una de las grandes obras misioneras del catolicismo italiano. Sus predicaciones populares por toda Italia central reavivaron la devoción y abrieron el camino a la institucionalización litúrgica que vendría después.

De Pío IX a Juan XXIII: la consagración litúrgica universal

Tres pontífices del último siglo y medio fijaron el lugar de esta devoción en la liturgia católica universal:

  1. Pío IX — Fiesta universal de la Preciosísima Sangre (1849). Tras la liberación de Roma del exilio que le habían impuesto los revolucionarios de 1848, Pío IX instituyó la fiesta universal de la Preciosísima Sangre el 10 de agosto de 1849, fijándola en el 1 de julio. Fue un acto de acción de gracias por el regreso a la Ciudad Eterna, y un reconocimiento oficial de la devoción de san Gaspar del Búfalo, fallecido apenas doce años antes.
  2. Pío XI — Eleva la fiesta al rango de doble de primera clase (1934). Pío XI subió la fiesta del 1 de julio al máximo rango litúrgico posible (duplex I classis en la nomenclatura preconciliar). En la misma reforma, dedicó el mes de julio entero a la devoción a la Preciosísima Sangre, paralelo al mes de junio dedicado al Sagrado Corazón.
  3. Juan XXIII — Aprobación oficial de las Letanías (1960). El 30 de junio de 1960, en su carta apostólica Inde a Primis, Juan XXIII aprobó oficialmente las Letanías de la Preciosísima Sangre para uso público y privado en toda la Iglesia, concediendo indulgencias a quienes las rezasen. La oración final de esas Letanías —que está arriba en esta página— es la fórmula litúrgica oficial actual de la devoción.

Las dos grandes formas: Letanías y Siete Ofrecimientos

La devoción a la Preciosa Sangre tiene dos cauces principales en la piedad popular hispana, y conviene distinguirlos.

Las Letanías de la Preciosísima Sangre, aprobadas por Juan XXIII, son una sucesión de 24 invocaciones a la Sangre de Cristo: «Sangre de Cristo, Hijo único del Padre Eterno, sálvanos. Sangre de Cristo, Verbo de Dios encarnado, sálvanos. Sangre de Cristo, alianza del Nuevo Testamento, sálvanos…» y así sucesivamente. Cada invocación recoge un aspecto teológico distinto del valor redentor de la Sangre. Se cierran con la oración corta que está arriba en esta página. Es la forma litúrgica oficial.

Los Siete Ofrecimientos de la Preciosa Sangre son una devoción más antigua y popular, atribuida tradicionalmente a santa Catalina de Siena, aunque su forma fija actual es del siglo XVIII. Cada ofrecimiento empieza con la fórmula «Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y Nuestro Divino Redentor…», seguida de una petición concreta: por la Iglesia, por la paz, por la conversión de los pecadores, por los moribundos, por los devotos de la Sangre, por las necesidades personales, por las almas del purgatorio. Cada ofrecimiento se cierra con un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. Es la forma devocional popular más extendida en parroquias hispanoamericanas.

Las dos se complementan: las Letanías son la oración pública del 1 de julio y de los meses dedicados; los Siete Ofrecimientos, la devoción privada del día a día. Esta página recoge la oración litúrgica oficial — la más breve y la que la Iglesia indulgencia universalmente.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la oración a la Sangre de Cristo?
La fórmula litúrgica oficial es la oración final de las Letanías de la Preciosísima Sangre, aprobada por Juan XXIII en 1960 en la carta apostólica Inde a Primis. Empieza «Dios eterno y todopoderoso, que constituiste a tu Hijo único Redentor del mundo, y quisiste ser aplacado por su Sangre…». El texto completo está arriba en esta página. La devoción popular conoce también los Siete Ofrecimientos de la Preciosa Sangre, atribuidos a santa Catalina de Siena, más extensos.
¿Cuándo es la fiesta de la Preciosa Sangre?
La fiesta universal de la Preciosísima Sangre de Cristo es el 1 de julio, instituida por Pío IX en 1849 como acción de gracias por el regreso a Roma tras el exilio revolucionario de 1848. Pío XI la elevó al rango de doble de primera clase en 1934. Todo el mes de julio está tradicionalmente dedicado a la devoción a la Preciosísima Sangre — paralelo al mes de junio dedicado al Sagrado Corazón. En los calendarios litúrgicos posteriores al Concilio Vaticano II, la fiesta del 1 de julio se ha integrado en la solemnidad del Corpus Christi y del Sagrado Corazón, pero la devoción y el mes de julio se mantienen vivos en la piedad popular y en muchas órdenes religiosas.
¿Qué son los Siete Ofrecimientos de la Preciosa Sangre?
Una devoción tradicionalmente atribuida a santa Catalina de Siena (s. XIV) que ofrece a Dios Padre los méritos de la Sangre de Cristo por siete intenciones concretas: la propagación de la Iglesia, la paz entre las naciones, la conversión de los pecadores, las relaciones humanas y los necesitados, los moribundos, los devotos de la Sangre, y las necesidades personales junto a las almas del Purgatorio. Cada ofrecimiento empieza con la misma fórmula —«Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús…»— seguida de la intención específica, un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. La devoción se reza completa especialmente durante el mes de julio.
¿Quién fue san Gaspar del Búfalo?
Sacerdote romano (1786-1837), fundador de la Congregación de los Misioneros de la Preciosísima Sangre el 15 de agosto de 1815. Tras el exilio del clero romano durante la ocupación napoleónica, dedicó su vida a la predicación de misiones populares por toda Italia central, con la devoción a la Sangre de Cristo como eje espiritual. Sus predicaciones fueron decisivas para que Pío IX —que había sido testigo personal de su obra siendo joven seminarista— instituyera la fiesta universal de la Preciosa Sangre en 1849. San Gaspar fue beatificado en 1904 por Pío X y canonizado por Pío XII en 1954. Es el patrono moderno de la devoción.

Fuentes consultadas

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