Novena a San José
En los cuatro evangelios no se conserva una sola palabra de san José. De él solo se cuentan decisiones. Esta novena recorre en nueve días esa biografía hecha de gestos: acoger a María, levantarse de noche, cruzar una frontera, enseñar un oficio. Se reza del 10 al 18 de marzo, para llegar al 19, solemnidad de san José, esposo de la Virgen María.
Novena de nueve días a san José, patrono de la Iglesia universal. Del 10 al 18 de marzo; su solemnidad es el 19. También puede rezarse antes del 1 de mayo, memoria de san José Obrero.
Antes de empezar
Oración para todos los días
Glorioso san José, esposo de María y padre de Jesús en la tierra: tú que cuidaste del Hijo de Dios sin que el Evangelio recoja una sola palabra tuya, acoge estos nueve días de oración. Enséñanos a servir sin hacer ruido y a sostener a los nuestros cuando las cosas se tuercen. Amén.
Día 1El hombre que no dice nada
En los cuatro evangelios no se conserva ni una palabra de José. Ni una. De él solo se cuentan decisiones: acoger a María cuando pudo repudiarla, levantarse de noche, marcharse a Egipto, volver cuando tocaba. La tradición lo llama justo, y la justicia aquí no es cumplir la ley sino hacer lo que hay que hacer sin pedir nada a cambio.
Señor, que mi fe se note en lo que hago más que en lo que digo.
San José, ruega por nosotros.
Día 2Decidir sin saber
A José le pidieron que se fiara de algo que no entendía y que ningún argumento le confirmaba. Se durmió con una decisión tomada y se levantó con otra. Mateo lo cuenta cuatro veces: avisos de noche, obediencia por la mañana, sin un solo comentario.
Señor, cuando me pidas algo que no entiendo, dame al menos la disposición de José: levantarme y ponerme en marcha.
San José, ruega por nosotros.
Día 3El trabajo
A Jesús lo llaman en Nazaret el hijo del carpintero. José enseñó a Dios un oficio. Durante treinta años, lo que hoy llamaríamos la vida de Jesús fue sobre todo trabajo manual aprendido de este hombre.
Señor, que no separe mi trabajo de mi vida interior. Que lo que hago cada día, por rutinario que sea, pueda ofrecértelo.
San José, ruega por nosotros.
Día 4Proteger en la huida
La Sagrada Familia fue una familia refugiada. Salieron de noche, cruzaron la frontera y vivieron en un país que no era el suyo hasta que fue seguro volver. José no eligió nada de eso: lo gestionó.
Señor, cuida de las familias que hoy tienen que irse de su tierra. Y dame a mí la entereza de José cuando lo que toque no sea lo que yo había planeado.
San José, ruega por nosotros.
Día 5Patrono de la Iglesia universal
El 8 de diciembre de 1870, con el decreto Quemadmodum Deus, el beato Pío IX declaró a san José patrono de la Iglesia universal. Lo hizo en un momento de enorme incertidumbre para la Iglesia, y la lógica era la misma que en Nazaret: quien cuidó de Jesús puede cuidar de su cuerpo, que es la Iglesia.
Señor, cuida de tu Iglesia con sus luces y sus vergüenzas, y que no me desentienda de ella cuando me decepcione.
San José, ruega por nosotros.
Día 6La muerte serena
La tradición lo tiene por patrono de la buena muerte, porque se entiende que murió acompañado por Jesús y María antes de la vida pública. No hay dato evangélico que lo diga, pero la intuición es honda: morir no es tanto un trámite como una compañía.
Señor, que no me encuentre la muerte con lo importante sin decir. Y acompaña hoy a quien esté en esa hora.
San José, ruega por nosotros.
Día 7Con corazón de padre
En diciembre de 2020, al cumplirse ciento cincuenta años de aquella declaración, el papa Francisco publicó la carta Patris corde y convocó un año dedicado a san José. Lo presenta como padre en la ternura, en la obediencia, en la acogida, y añade una expresión que se queda: padre en la sombra.
Señor, enséñame a estar en segundo plano cuando eso sea lo que sirve, sin necesitar que se me reconozca.
San José, ruega por nosotros.
Día 8Id a José
En el Génesis, cuando el hambre aprieta en Egipto, el faraón responde a quien le pide pan con tres palabras: id a José (Gn 41,55). La tradición cristiana las tomó prestadas y se las aplicó a este otro José. Santa Teresa de Jesús, que le puso su nombre al primer convento de la reforma, escribió que no recordaba haberle pedido nada que no le concediera.
Señor, dame acudir con confianza y sin cálculos, como se acude a quien ya ha dicho que sí.
San José, ruega por nosotros.
Día 9Acción de gracias
San José, terminamos esta novena. Gracias por tu ejemplo callado y por tu intercesión.
Presenta nuestras peticiones a Jesús, a quien criaste. Y si lo que pedimos no nos conviene, pide tú por nosotros lo que Dios sabe que necesitamos.
San José, ruega por nosotros.
Al terminar
Oración de cierre (todos los días)
Dios todopoderoso, que confiaste los comienzos de nuestra redención al cuidado fiel de san José: concédenos, por su intercesión, servirte con la misma fidelidad discreta y llegar a la vida que has prometido. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
La novena entera
El audio recoge la novena entera. Si vas por un día concreto, el texto de arriba está separado por días.
Cuándo se reza: el 19 de marzo y el 1 de mayo
San José tiene dos fechas en el calendario litúrgico y conviene no confundirlas.
La principal es el 19 de marzo, solemnidad de san José, esposo de la Virgen María. Para que el noveno día caiga en la víspera, la novena empieza el 10 de marzo. Quien prefiera terminar el día de la fiesta empieza el 11. Es la fecha de siempre y la que la mayoría de la gente busca.
La segunda es el 1 de mayo, memoria de san José Obrero, que instituyó Pío XII en 1955 y que coincide deliberadamente con el Día del Trabajo. Quien quiera rezarla para esa fecha empieza el 22 de abril.
Hay además una tercera costumbre muy extendida en España y América: los siete domingos de san José, que consisten en dedicarle los siete domingos anteriores al 19 de marzo, meditando en cada uno uno de sus gozos y dolores. Es una devoción distinta de la novena y las dos pueden hacerse el mismo año.
Cada jornada de esta novena lleva unos cinco minutos: oración de apertura, que es igual los nueve días, meditación del día y oración de cierre, terminando con «san José, ruega por nosotros». Fuera de marzo puede rezarse en cualquier momento por una intención concreta.
Patrono de la Iglesia universal, y por qué eso importa
El 8 de diciembre de 1870, mediante el decreto Quemadmodum Deus, el beato Pío IX declaró a san José patrono de la Iglesia universal. La fecha no es casual: se había proclamado pocos meses antes el final del poder temporal de los papas y la Iglesia atravesaba uno de sus momentos de mayor incertidumbre. La lógica de la declaración era la de Nazaret: quien cuidó de Jesús puede cuidar del cuerpo de Jesús, que es la Iglesia.
Ese reconocimiento fue creciendo. Juan XXIII introdujo su nombre en el Canon Romano en 1962. En 2013, el papa Francisco dispuso que se mencionara también en las plegarias eucarísticas segunda, tercera y cuarta, de modo que hoy se le nombra en toda Misa católica del rito romano.
En diciembre de 2020, al cumplirse ciento cincuenta años de aquella declaración, Francisco publicó la carta apostólica Patris corde y convocó un Año de San José. El texto lo describe como padre amado, en la ternura, en la obediencia, en la acogida, y añade una expresión que ha hecho fortuna: padre en la sombra. La idea es que la paternidad de José consiste precisamente en no ponerse delante.
Es también patrono de los trabajadores, de las familias, de los moribundos y de la buena muerte, este último por la tradición de que murió acompañado por Jesús y María antes de la vida pública. No hay dato evangélico que lo confirme, y conviene decirlo, pero la intuición de fondo es sólida.
«Id a José»: la frase que la tradición tomó prestada
En el capítulo 41 del Génesis, cuando el hambre aprieta en Egipto y el pueblo acude al faraón pidiendo pan, este responde con tres palabras: «Id a José» (Gn 41,55). Se refería al José del Antiguo Testamento, el hijo de Jacob vendido por sus hermanos y convertido en administrador del reino.
La tradición cristiana tomó esa frase y se la aplicó al otro José, el de Nazaret, estableciendo un paralelismo que los Padres desarrollaron largamente: uno guardó el trigo de Egipto, el otro guardó el Pan bajado del cielo. Ite ad Ioseph aparece desde entonces en innumerables iglesias, retablos y estampas.
Quien más hizo por esta devoción en el mundo hispano fue santa Teresa de Jesús. Le puso su nombre al primer convento de la reforma, San José de Ávila, fundado en 1562, y en el Libro de la Vida escribió que no recordaba haberle pedido cosa alguna que hubiera dejado de concederle. Esa recomendación suya, viniendo de quien viene, explica buena parte de la fuerza que la devoción tiene en España y América.
Una advertencia que merece hacerse: no debe confundirse esta novena con la devoción al san José dormido, que el papa Francisco popularizó contando que escribe sus preocupaciones en un papel y las pone bajo una estatua del santo durmiendo. Son dos cosas distintas y compatibles, pero no son lo mismo.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo empieza la novena a san José?
¿Qué diferencia hay entre el 19 de marzo y el 1 de mayo?
¿Es lo mismo la novena que los siete domingos de san José?
¿Por qué san José es patrono de la Iglesia universal?
¿San José habla en algún momento del Evangelio?
Fuentes consultadas
- • Francisco: carta apostólica Patris corde (8 de diciembre de 2020)
- • Pío IX: decreto Quemadmodum Deus (1870), patronazgo sobre la Iglesia universal
- • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 437, 488-489 y 532 (san José en el misterio de la Encarnación)
- • Teresa de Jesús: Libro de la Vida, cap. 6 (su devoción a san José)
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