Novena al Padre Pío
«Reza, espera y no te preocupes» es su frase más conocida y resume una vida que tuvo poco de tranquila: cincuenta años con las llagas, una salud que nunca funcionó, jornadas de diez y doce horas confesando y dos años en los que la propia Iglesia le prohibió ejercer. Esta novena recorre esa biografía en nueve días. Se reza del 14 al 22 de septiembre.
Novena de nueve días a san Pío de Pietrelcina (1887-1968), capuchino. Del 14 al 22 de septiembre, víspera de su fiesta el 23. El 14 es además la Exaltación de la Santa Cruz, y el 20 el aniversario de los estigmas.
Antes de empezar
Oración para todos los días
Padre Pío, que llevaste durante cincuenta años las señales de la Pasión y seguiste confesando cada día: acoge estos nueve días de oración. Enséñanos tu manera de estar, que cabe en tres palabras: reza, espera y no te preocupes. Amén.
Día 1Un chico de Pietrelcina
Francesco Forgione nació en 1887 en Pietrelcina, un pueblo pobre del sur de Italia, hijo de campesinos. Su padre emigró a América para pagarle los estudios. Tomó el hábito capuchino a los quince años y el nombre de Pío.
Señor, gracias por los que se sacrifican en silencio para que otro pueda hacer algo con su vida.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Día 2La salud que nunca tuvo
Estuvo enfermo casi siempre: fiebres que nadie sabía explicar, problemas respiratorios, años enteros fuera del convento por no poder soportar la vida común. Durante mucho tiempo pareció que no serviría para nada.
Señor, cuando mi cuerpo o mi ánimo no den de sí, que no lo lea como que no valgo.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Día 3Las señales
El 20 de septiembre de 1918, rezando en el coro de San Giovanni Rotondo, aparecieron en su cuerpo las llagas que llevó hasta su muerte, cincuenta años después. Él no quería que se supiera y pidió repetidamente que le fueran retiradas.
Señor, dame llevar lo que me toque sin exhibirlo y sin quejarme más de lo justo.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Día 4El confesonario
Pasó buena parte de su vida confesando, a veces diez y doce horas al día, durante décadas. Llegaba gente de toda Italia y hacía cola durante días. Ese, y no otro, fue su trabajo.
Señor, que no deje el sacramento del perdón para cuando no me quede otra. Y gracias por los sacerdotes que están ahí horas sin que se les note.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Día 5Cuando la Iglesia desconfió de él
Esto se cuenta poco y conviene contarlo. El Santo Oficio lo investigó y entre 1931 y 1933 le prohibió celebrar en público y confesar. Dos años apartado de lo único que sabía hacer. No protestó, no escribió cartas de queja, no buscó apoyos. Obedeció y esperó.
Señor, si alguna vez me tratan injustamente desde dentro de casa, dame la paciencia que él tuvo y líbrame del resentimiento.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Día 6Reza, espera y no te preocupes
Es su frase más repetida y las tres partes importan. Rezar es hacer lo que está en tu mano. Esperar es aceptar que no depende solo de ti. No preocuparte es lo más difícil, porque la preocupación se disfraza de responsabilidad.
Señor, quítame esa preocupación que no cambia nada y solo me desgasta.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Día 7La Casa Alivio del Sufrimiento
En 1956 inauguró en San Giovanni Rotondo un hospital que llamó Casa Sollievo della Sofferenza, Casa Alivio del Sufrimiento. Lo levantó con donativos pequeños de muchísima gente. Hoy sigue funcionando y es uno de los mejores del sur de Italia.
Señor, que mi fe se traduzca en algo que a alguien le sirva de verdad.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Día 8Los grupos de oración
Impulsó los grupos de oración, que hoy son miles por todo el mundo. Decía que eran semilleros de fe y centros de amor. Le importaba que la gente rezara junta y no cada uno por su lado.
Señor, dame no vivir la fe en solitario, que es como se enfría.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Día 9Acción de gracias
Padre Pío, llegamos al final de esta novena. Murió el 23 de septiembre de 1968 y Juan Pablo II lo canonizó en 2002. Gracias por estos nueve días.
Presenta nuestras peticiones al Señor. Y si lo que pedimos no nos conviene, pide tú lo que Dios sabe que necesitamos.
Padre Pío, ruega por nosotros.
Al terminar
Oración de cierre (todos los días)
Dios todopoderoso y eterno, que concediste a san Pío de Pietrelcina participar de modo singular en la cruz de tu Hijo: concédenos, por su intercesión, configurarnos con Cristo en su muerte para alcanzar la gloria de su resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
La novena entera
El audio recoge la novena entera. Si vas por un día concreto, el texto de arriba está separado por días.
Cuándo se reza, y por qué estas fechas no son casuales
La fiesta de san Pío de Pietrelcina es el 23 de septiembre, aniversario de su muerte en 1968. Para que el noveno día caiga en la víspera, la novena empieza el 14 de septiembre. Quien prefiera terminar el día de la fiesta empieza el 15.
Las fechas encajan de una manera que a sus devotos les gusta señalar y que es exacta:
El 14 de septiembre es la Exaltación de la Santa Cruz, y el 15 la memoria de la Virgen de los Dolores. Empezar ahí una novena a quien llevó las llagas durante medio siglo tiene su lógica.
El 20 de septiembre cae dentro de la novena, y es el aniversario del día de 1918 en que aparecieron los estigmas mientras rezaba en el coro de San Giovanni Rotondo.
Cada jornada lleva unos cinco minutos: oración de apertura, que es la misma los nueve días, meditación del día y oración de cierre. Muchos devotos añaden la Coronilla o rezan por las intenciones de los grupos de oración que él mismo fundó.
Los dos años en que la Iglesia le prohibió confesar
Esto se cuenta poco en las novenas que circulan y merece contarse, porque es lo que hace creíble al personaje.
Desde los años veinte, la fama del Padre Pío atrajo multitudes a San Giovanni Rotondo, y con ellas llegaron denuncias, rumores y acusaciones de todo tipo. El Santo Oficio abrió investigación. En 1931 le retiraron la facultad de confesar y de celebrar en público, y pasó más de dos años diciendo Misa en privado, solo, en una capilla interior del convento.
Dos años apartado de lo único que sabía hacer, por orden de su propia Iglesia, sin que se hubiera probado nada contra él.
Lo que hizo entonces es lo que importa: obedeció. No escribió cartas de protesta, no movilizó a sus devotos, no buscó apoyos ni filtró su versión. Cuando en 1933 Pío XI levantó las restricciones, volvió al confesonario sin una palabra de reproche. Dijo una frase que se le recuerda: que la voluntad de los superiores era para él la voluntad de Dios.
Las restricciones volvieron parcialmente en los años sesenta y se levantaron de nuevo. Murió el 23 de septiembre de 1968. Juan Pablo II lo beatificó en 1999 y lo canonizó el 16 de junio de 2002, en una de las ceremonias más multitudinarias de su pontificado.
Conviene no leer esto como un episodio vergonzoso de la Iglesia sino como lo que es: una institución que desconfía de lo extraordinario y comprueba durante décadas antes de pronunciarse. Es exactamente lo que debe hacer.
Lo que dejó construido, que no fue solo devoción
Es fácil quedarse en los estigmas y perderse lo demás, que es bastante más sólido.
En 1956 inauguró la Casa Sollievo della Sofferenza, la Casa Alivio del Sufrimiento, un hospital levantado en San Giovanni Rotondo con donativos en su mayoría pequeños, reunidos durante años. No quiso que se llamara hospital ni que llevara su nombre. Hoy es uno de los centros sanitarios de referencia del sur de Italia y sigue funcionando.
Impulsó también los grupos de oración, que empezaron durante la Segunda Guerra Mundial y hoy son varios miles repartidos por el mundo. Los llamaba «semilleros de fe y centros de amor», e insistía mucho en que la gente rezara junta y no cada uno por su cuenta.
Y estaba el confesonario, que fue su trabajo real durante décadas: diez, doce horas al día, con gente que llegaba de toda Italia y hacía cola durante días. Esa es la imagen que mejor lo define, mucho más que cualquier fenómeno extraordinario.
Su frase más repetida, «reza, espera y no te preocupes», tiene tres partes y las tres cuentan. Rezar es hacer lo que está en tu mano. Esperar es aceptar que no depende solo de ti. Y no preocuparte es lo más difícil de los tres, porque la preocupación tiene la costumbre de disfrazarse de responsabilidad.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo empieza la novena al Padre Pío?
¿Es verdad que la Iglesia le prohibió confesar?
¿Qué significa «reza, espera y no te preocupes»?
¿Cuánto tiempo llevó los estigmas el Padre Pío?
Fuentes consultadas
- • Juan Pablo II: homilía de la canonización de san Pío de Pietrelcina (16 de junio de 2002)
- • Casa Sollievo della Sofferenza, San Giovanni Rotondo
- • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1508 (el sufrimiento unido a la Pasión) y n. 1458 (la confesión frecuente)
- • Martirologio Romano: memoria de san Pío de Pietrelcina, 23 de septiembre
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