Salmo 42
«Como la cierva que busca las corrientes de agua, así el alma mía te busca a ti, Dios mío»: el Salmo 42 describe con una imagen de la naturaleza lo que la tradición mística ha llamado el deseo de Dios. No es la alegría de quien le tiene sino la sed de quien le echa de menos. El orante está lejos del templo, deprimido, burlado por sus adversarios, y en ese estado mantiene un extraño diálogo consigo mismo que termina siempre en la misma decisión: esperar.
Libro de los Salmos · versión litúrgica (Liturgia de las Horas). Salmo del deseo y el destierro; se usa en la Vigilia Pascual y en el rito del Bautismo como expresión de la sed de Dios.
Como la cierva que busca las corrientes de agua,
así el alma mía te busca a ti, Dios mío.
El alma mía tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan día y noche,
mientras me dicen todo el día:
«¿Dónde está tu Dios?»
Recuerdo cuando marchaba con la muchedumbre
y la conducía hasta la casa de Dios,
entre gritos de júbilo y alabanza,
en la multitud que celebraba la fiesta.
¿Por qué te acobardes, alma mía,
por qué me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarle:
«salvación de mi rostro y Dios mío».
Mi alma está deprimida;
por eso me acuerdo de ti desde la región del Jordán
y el Hermón, desde el monte Mizar.
El abismo del mar llama al abismo del torrente,
al estruendo de tus cascadas;
tus olas y tus rompientes me han cubierto.
Que durante el día el Señor me envíe su misericordia,
y durante la noche resuene en mí su canto,
una oración al Dios de mi vida.
Voy a decirle a Dios, mi Roca:
«¿Por qué me olvidas?
¿Por qué voy a andar sombrío,
oprimido por el enemigo?»
Los insultos de mis adversarios me traspasan los huesos,
mientras me preguntan a todas horas:
«¿Dónde está tu Dios?»
¿Por qué te acobardes, alma mía,
por qué me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarle:
«salvación de mi rostro y Dios mío».
«Como la cierva que busca las corrientes de agua»: la imagen del deseo
El primer versículo del Salmo 42 contiene una de las imágenes más potentes del Antiguo Testamento para describir la relación del hombre con Dios: la cierva que busca el agua. El original hebreo usa el verbo arag, que designa el bramido de la cierva cuando tiene sed extrema, en una estación seca, cuando los torrentes se han secado. No es la sed del que acaba de beber sino la sed del que lleva mucho tiempo sin agua y siente que si no llega pronto le irá muy mal.
Esta imagen tiene una precisión teológica que a menudo pasa desapercibida: el orante no dice que tiene sed de consolaciones, de experiencias religiosas, de milagros ni de respuestas. Dice que tiene sed de Dios: «el alma mía tiene sed de Dios, del Dios vivo» (v.3). La distinción entre Dios y los bienes que Dios puede dar es una de las marcas de la oración madura en la tradición bíblica. Muchos salmos piden cosas al Señor; el Salmo 42 pide al Señor mismo.
San Agustín abrió sus Confesiones con una formulación que es casi una paráfrasis de este versículo: «nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». La palabra inquieto (inquietum) es la traducción latina del bramido de la cierva: una insatisfacción estructural del ser humano que ninguna criatura puede calmar, porque fue puesta ahí por y para el Creador. El Salmo 42 es el texto bíblico más claro de esta intuición agustiniana.
El diálogo interior y el estribillo: la lucha contra la depresión
El Salmo 42 tiene una estructura narrativa poco habitual: el orante mantiene un diálogo consigo mismo que se repite exactamente dos veces como estribillo: «¿Por qué te acobardes, alma mía, por qué me turbas? Espera en Dios, que volverás a alabarle: salvación de mi rostro y Dios mío» (vv. 6 y 12). Este diálogo interior, en el que el orante se habla a sí mismo en segunda persona, es un rasgo de autenticidad psicológica extraordinaria.
Los exegetas y los teólogos espirituales han notado en este estribillo algo importante: el orante no esconde su depresión ni la niega. No dice «en realidad no estoy triste» ni «tengo que animarme». Reconoce el estado («¿por qué te acobardes?») y lo confronta con una decisión que no depende del estado: «espera en Dios». La esperanza del Salmo 42 no es un sentimiento sino una elección que se hace en medio del sufrimiento, no al final de él.
El contexto histórico del salmo es el de un creyente en el exilio, lejos de Jerusalén y del Templo, incapaz de participar en la liturgia comunitaria, burlado por paganos que le preguntan «¿dónde está tu Dios?» (vv. 4 y 11). La memoria de los días de fiesta en el Templo («recuerdo cuando marchaba con la muchedumbre y la conducía hasta la casa de Dios, entre gritos de júbilo y alabanza») hace más amargo el contraste con la situación presente. Esta memoria no paraliza: el orante la usa para alimentar la esperanza de que lo que fue puede volver a ser.
El Salmo 42 en la Vigilia Pascual y el bautismo
El Salmo 42 ocupa un lugar privilegiado en la liturgia bautismal desde los primeros siglos. La Vigilia Pascual, la noche más importante del año litúrgico en la que los catecúmenos reciben el Bautismo, usa este salmo como expresión de la sed de Dios que la iniciación cristiana satisface. El neófito que acaba de ser bautizado y ha bebido el agua del Bautismo es la cierva que ha encontrado al fin la corriente.
San Ambrosio, en sus catequesis bautismales para los neófitos de Milán (conocidas como De Mysteriis y De Sacramentis), explica que el Salmo 42 es la oración del catecúmeno que va hacia las fuentes bautismales: «te busca el alma mía» es el deseo anterior al bautismo; «cuando podré ir a ver el rostro de Dios» es la pregunta que se responde en el momento de recibir el sacramento. El agua bautismal es la corriente que la cierva buscaba.
Esta interpretación bautismal ha marcado el uso del salmo en el rito de entrada de las misas solemnes. El Introito medieval (la antífona de entrada de la Misa cantada en latín) usaba frecuentemente el primer versículo del Salmo 42: «Introibo ad altare Dei, ad Deum qui laetificat iuventutem meam» (entraré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud), un versículo del salmo que en la Vulgata precede al que hoy conocemos como Salmo 42. Esta fórmula de entrada al altar marcó la espiritualidad sacerdotal del rito romano durante siglos hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II.
Preguntas frecuentes
¿El Salmo 42 es el mismo que el Salmo 41?
¿Por qué el Salmo 42 se reza en el Bautismo?
¿Qué significa el estribillo «¿por qué te acobardes, alma mía»?
¿Qué relación tiene el Salmo 42 con las Confesiones de San Agustín?
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