De Oración
Salmos bíblicos

Salmo 22

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»: las primeras palabras de Jesús en la Cruz son las primeras palabras del Salmo 22. No es una cita accidental: Jesús ora el salmo completo desde la cruz, y en ese salmo están descritos con siglos de anticipación los detalles de su Pasión, desde los que dividen su ropa hasta los que se burlan de él. Es el gran salmo mesiánico del sufrimiento que termina en alabanza universal.

Redacción de De OraciónPublicado el 3 sept 2026Revisado el 3 sept 20267 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Libro de los Salmos · versión litúrgica (Liturgia de las Horas). El salmo de la Pasión: Jesús lo cita desde la Cruz; sus versículos describen el sufrimiento del Siervo y el triunfo final.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación
y de mis palabras de lamento?

Dios mío, de día te llamo, y no respondes;
de noche, y no me escuchas.

Pero tú eres el Santo,
que habitas en medio de la alabanza de Israel.
En ti esperaron nuestros padres,
esperaron y tú los libraste;
a ti clamaron y fueron salvados,
confiaron en ti y no quedaron defraudados.

Pero yo soy gusano, no hombre,
vergüenza de la gente, desprecio del pueblo.
Todos los que me ven de mí se burlan,
hacen muecas, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere.»

Pero tú me sacaste del vientre materno,
me pusiste a salvo en el pecho de mi madre;
a ti fui consagrado desde el vientre materno,
desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, porque el peligro está cerca
y no hay nadie que me ayude.

Me rodean novillos numerosos,
me cercan toros de Basán.
Abren contra mí su boca
como leones que rugen y desgarran.

Me derramo como agua,
se dislocan todos mis huesos;
mi corazón se ha vuelto como cera,
se derrite en mis entrañas.
Se ha secado como una teja mi garganta;
mi lengua se pega al paladar;
me vas disolviendo en el polvo de la muerte.
Me acorralan cuadrillas de malvados;
taladran mis manos y mis pies,
puedo contar todos mis huesos.
Ellos me observan, me miran;
se reparten mi ropa
y echan suertes sobre mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Líbrame de la espada,
mi vida de las garras del perro;
sálvame de las fauces del león
y de los cuernos del búfalo.

Anunciaré tu nombre a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré:
«Los que le temen, alábenlo;
la descendencia de Jacob, glorifíquelo;
ráspetelo, toda la descendencia de Israel.
Porque no ha despreciado ni rechazado
la pobreza del pobre,
no le ha ocultado su rostro,
sino que lo ha escuchado cuando le pedía auxilio.»

De ti viene mi alabanza en la gran asamblea.
Los pobres comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.

Que te alaben los confines de la tierra
y se vuelvan a ti todas las familias de las naciones.

Anunciarán su rectitud al pueblo que ha de nacer:
«Esto lo hizo el Señor.»
Audio narrado

«Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»: las palabras de la Cruz y el salmo de la Pasión

Los tres primeros evangelios relatan que Jesús, momentos antes de morir, gritó en arameo: «Elí, Elí, lemá sabactani», que traducen como «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27:46; Mc 15:34). Son las primeras palabras del Salmo 22. Este grito no es una improvisación en el momento de mayor angustia: es la oración de un judío piadoso que, al comenzar el primer versículo de un salmo, lo recita entero en su memoria. Jesús ora el Salmo 22 desde la Cruz.

Esto cambia radicalmente la interpretación del grito. No es la expresión de una crisis de fe ni de un abandono definitivo. Es el primer versículo de un salmo que termina en alabanza universal («anunciarán su rectitud al pueblo que ha de nacer»). La teología cristiana ha entendido que Jesús asume en su cuerpo la experiencia del abandono que el salmista describe, la lleva hasta el fondo, y desde ese fondo la transforma en alabanza. La Cruz no es el último acto: es el punto de inflexión.

El Salmo 22 es uno de los textos más usados en la liturgia de Semana Santa. La Liturgia de la Palabra del Viernes Santo lo usa como salmo responsorial, con el versículo «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» como respuesta de la asamblea. Es el único día del año litúrgico en que el salmo responsorial de la Misa es también la oración que Jesús rezó en la Cruz.

«Se reparten mi ropa»: las profecías de la Pasión en el Salmo 22

Lo que más ha llamado la atención de los lectores del Salmo 22 es la acumulación de detalles que coinciden con el relato de la Pasión narrado siglos después en los evangelios. Los exegetas los llaman «profecías de la Pasión» y los evangelistas los citan explícitamente como cumplimiento de la Escritura.

El versículo 8 («todos los que me ven de mí se burlan, hacen muecas, menean la cabeza: acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere») es citado casi literalmente en Mt 27:39-43 como descripción de los que se burlaban de Jesús en la Cruz. El versículo 17 («taladran mis manos y mis pies») ha sido leído por la tradición cristiana como referencia a la crucifixión. El versículo 19 («se reparten mi ropa y echan suertes sobre mi túnica») es citado en Jn 19:24 con la fórmula «para que se cumpliera la Escritura».

La lectura tipológica del Salmo 22 como profecía de la Pasión es uno de los argumentos que los Padres de la Iglesia usaron para demostrar que la muerte de Cristo no fue un accidente histórico sino el cumplimiento de un plan divino. El sufrimiento del salmista anónimo del Antiguo Testamento prefigura el sufrimiento del Mesías. Esta lectura no elimina la historicidad del salmo ni convierte al salmista en un actor consciente de la prefiguración: simplemente afirma que el mismo Espíritu que inspiró al salmista guio la historia hasta su cumplimiento en Cristo.

El giro hacia la alabanza: «los confines de la tierra»

El Salmo 22 tiene una estructura en dos partes radicalmente distintas en tono, y la línea divisoria está en el versículo 22-23. Hasta ese punto: lamento, descripción del sufrimiento, petición de ayuda. A partir del versículo 23: alabanza, convocatoria a la asamblea, promesa de que los pobres serán saciados, visión de todos los pueblos adorando al Señor. Este giro es uno de los momentos más dramáticos de todo el Salterio.

¿Qué ocurre entre el versículo 22 y el 23? El texto no lo explica. No hay narración de un acontecimiento liberador, no hay «y entonces el Señor respondió». El giro es abrupto, casi sin transición. Los exegetas lo interpretan de dos maneras: como el momento en que la oración misma cambia el estado interior del orante (la experiencia de haber sido escuchado en el acto mismo de orar), o como la descripción de dos momentos temporales distintos (el lamento presente, la alabanza futura anticipada).

La segunda parte del salmo (vv.23-32) tiene una dimensión cósmica que contrasta con la intensidad personal de la primera. El salmista individual que gritaba «¿por qué me has abandonado?» convoca ahora a toda la tierra («que te alaben los confines de la tierra»), a todos los pueblos («todas las familias de las naciones»), y a las generaciones futuras («anunciarán su rectitud al pueblo que ha de nacer»). El sufrimiento individual se convierte en el origen de una alabanza universal. Esta lógica es exactamente la lógica de la Pascua cristiana: la muerte del uno se convierte en vida para todos.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Jesús gritó «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»?
Son las primeras palabras del Salmo 22. En la tradición judía, citar el primer versículo de un salmo equivale a rezar el salmo entero. Jesús ora desde la Cruz el Salmo 22, que comienza con el lamento del abandono y termina en alabanza universal. No es una crisis de fe sino la oración de un judío que lleva el sufrimiento hasta Dios con toda su radicalidad y confía en que Dios responde, como enseña el salmo en su segunda parte.
¿El Salmo 22 es el mismo que el Salmo 21?
Sí. El Salmo 22 es la numeración del texto hebreo masorético (base de las traducciones modernas, incluida la CEE). El Salmo 21 es la numeración de la Septuaginta griega y la Vulgata latina, usada en las ediciones litúrgicas históricas. Esta diferencia afecta al bloque central de los salmos. Las tradiciones litúrgicas históricas (breviario preconciliar, misales latinos) lo llaman «Salmo 21».
¿Cuándo se reza el Salmo 22 en la liturgia?
Es el salmo responsorial del Viernes Santo en el rito romano, el día más solemne del año litúrgico, cuando la Iglesia conmemora la Pasión y muerte de Cristo. También aparece en la Liturgia de las Horas de la semana. Su versículo más famoso («Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?») se canta o recita como respuesta de la asamblea en la Liturgia de la Palabra del Viernes Santo.
¿Qué significa «soy gusano, no hombre» en el Salmo 22?
El versículo 7 («yo soy gusano, no hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo») expresa la humillación extrema del orante: ha perdido no solo el honor sino la dignidad humana básica ante sus adversarios. El «gusano» (tola en hebreo) era el animal más insignificante en la escala de los seres. Los Padres de la Iglesia leyeron este versículo como descripción de la humillación de Cristo en la Pasión, en contraste radical con el Salmo 8 que lo describía «coronado de gloria y dignidad».

Enciende tu vela

Puedes encenderla en silencio o escribir tu intención. Es gratis y siempre lo será.

Oraciones relacionadas