De Oración
A Jesús

Oración de Fin de Año

El 31 por la noche casi todo el mundo hace balance, aunque sea a su manera. Esta es la versión creyente de ese balance: dar gracias por lo que salió, pedir perdón por lo que no, acordarse de los que ya no están y pedir no un año fácil, sino estar a la altura del que venga.

Redacción de De OraciónPublicado el 19 oct 2026Revisado el 19 oct 20265 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Oración para la noche del 31 de diciembre, pensada para rezarse solo o en familia antes de la cena

Señor, se acaba el año.

Antes de pedirte nada, gracias.

Por lo que salió bien y casi no me paré a mirar.
Por la gente que sigue aquí.
Por el trabajo, aunque me queje de él.
Por la salud que tengo, que es más de la que suelo reconocer.

Y gracias también, aunque me cueste,
por lo que no salió:
por la puerta que se cerró,
por lo que pedí y no me diste,
por lo que entendí tarde.

Te pido perdón por el tiempo que dejé pasar,
por las palabras que no dije y por las que dije de más,
por los que tenía cerca y no miré.

Acuérdate de los que empezaron este año conmigo
y no llegan a verlo terminar.
Que descansen en ti.

Y al que entra:
no te pido un año fácil.
Te pido estar a la altura del que venga.

Dame memoria para lo bueno,
ligereza para soltar lo que ya pasó
y ganas de empezar otra vez.

Que el año que viene me encuentre
siendo algo mejor de lo que soy esta noche.

Amén.
Audio narrado

El Te Deum del 31 de diciembre

Lo que la Iglesia hace el último día del año tiene nombre propio y mucha gente no lo conoce: se canta el Te Deum en acción de gracias por el año que termina.

El Te Deum es uno de los himnos más antiguos de la liturgia latina, un canto de alabanza que se usa en los momentos grandes: una elección papal, una canonización, una acción de gracias solemne. El 31 de diciembre se canta por lo mismo que se reza en casa esa noche, que es dar gracias por un año entero, con lo bueno y lo malo dentro.

En muchas catedrales de España y de América Latina se celebra con misa y exposición del Santísimo a última hora de la tarde. Si quiere darle a la noche algo más que la cena, esa es la forma tradicional, y suele durar menos de una hora.

Conviene saber además que el 31 de diciembre no es fiesta de precepto. La solemnidad llega al día siguiente.

Qué se celebra el 1 de enero

Aquí hay una confusión muy extendida. El 1 de enero no es, litúrgicamente, el día de Año Nuevo: es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y sí es fiesta de precepto.

Es la fiesta mariana más antigua del calendario romano, y celebra el título que el concilio de Éfeso reconoció a María en el año 431: Theotokos, Madre de Dios. Se celebra ocho días después de Navidad porque cierra la octava, el periodo de ocho días con que la liturgia prolonga las fiestas mayores.

Desde 1968 es además la Jornada Mundial de la Paz, instituida por Pablo VI, y cada año el papa publica un mensaje para ese día. De ahí que la oración del 1 de enero, en la práctica, mezcle tres cosas: el año que empieza, la maternidad de María y la petición por la paz.

Y el 6 de enero, la Epifanía, cierra el ciclo. Los Reyes Magos llegan al belén ese día, no antes. El tiempo de Navidad no termina ahí del todo: se extiende hasta la fiesta del Bautismo del Señor, el domingo siguiente.

Cómo hacer el examen del año, en veinte minutos

Si quiere algo más que leer una oración, la tradición tiene una herramienta hecha a medida: el examen de conciencia, aplicado no al día sino al año entero.

No hace falta método complicado. Cuatro preguntas, por escrito si es posible, porque escribir obliga a concretar:

Qué agradezco. Tres cosas concretas, con nombre. No «la salud» en abstracto, sino lo que de verdad pasó este año y salió bien.

Qué me pesa. Lo que hice mal y lo que dejé de hacer. Aquí suele doler más lo segundo: la llamada que no hice, la persona a la que dejé de ver.

Quién falta. Los que empezaron el año y no llegan al final. Nombrarlos uno a uno, aunque sea en voz baja.

Qué pido. Una sola cosa, la que de verdad importa. Si salen diez, es que todavía no ha llegado al fondo.

Una advertencia práctica, porque es donde esto se tuerce: el balance de fin de año se parece peligrosamente a una lista de propósitos, y no es lo mismo. Los propósitos miran lo que uno va a conseguir; esto mira lo que uno ha recibido. Si al terminar solo tiene una lista de objetivos para enero, el ejercicio ha salido al revés.

Quien quiera ampliarlo tiene el examen de conciencia en su versión diaria, y la oración de agradecimiento para la primera de las cuatro preguntas.

Preguntas frecuentes

¿Qué oración se reza el 31 de diciembre?
Una oración de acción de gracias por el año que termina. En casa suele rezarse antes de la cena, dando gracias por lo bueno, pidiendo perdón por lo que no salió y acordándose de los que han muerto. En las iglesias se canta el Te Deum, el himno antiguo de acción de gracias, a menudo con misa y exposición del Santísimo.
¿Qué es el Te Deum de fin de año?
Un himno de alabanza muy antiguo de la liturgia latina que se canta en las ocasiones solemnes: una elección papal, una canonización o una acción de gracias. El 31 de diciembre se canta para dar gracias por el año entero. Muchas catedrales lo celebran con misa y exposición del Santísimo a última hora de la tarde.
¿El 1 de enero es fiesta de precepto?
Sí. El 1 de enero es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y es fiesta de precepto. El 31 de diciembre no lo es. Es además la Jornada Mundial de la Paz desde 1968, instituida por Pablo VI, y cada año el papa publica un mensaje para ese día.
¿Cómo hacer un examen del año que termina?
Con cuatro preguntas, mejor por escrito: qué agradezco (tres cosas concretas), qué me pesa (lo que hice mal y lo que dejé de hacer), quién falta (los que no llegan al final del año) y qué pido (una sola cosa). No hay que confundirlo con una lista de propósitos: los propósitos miran lo que uno va a conseguir, esto mira lo que uno ha recibido.

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