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Novenas

Novena de difuntos

Esta novena se reza por alguien que ha muerto. Recorre en nueve días lo que la fe cristiana sostiene sobre la muerte: que el vínculo no se ha roto, que seguimos pudiendo hacer algo por ellos, que el duelo no es un problema que se resuelva y que lo que se promete no es un consuelo sino la resurrección. La costumbre la sitúa del 25 de octubre al 2 de noviembre, día de los Fieles Difuntos, aunque puede rezarse en cualquier momento.

Redacción de De OraciónPublicado el 24 sept 2026Revisado el 24 sept 20268 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Novena de nueve días por los fieles difuntos. Del 25 de octubre al 2 de noviembre, o los nueve días siguientes al fallecimiento. Cada día se reza la oración de apertura, la meditación del día y la oración de cierre.

Antes de empezar

Oración de apertura (rezar cada día)

Señor, Dios de los vivos, en quien nuestros seres queridos no se han perdido sino que están escondidos: recibe estos nueve días de oración por ellos. Concédeles tu paz y concédenos a nosotros la esperanza que no defrauda. Amén.

Día 1Rezar por quien ya no está

La costumbre de orar por los difuntos es muy anterior al cristianismo y la Iglesia la recibió como propia desde el principio. Rezar por alguien que ha muerto es el modo más concreto de afirmar que sigue existiendo. No se reza por quien no está.

Señor, te encomiendo hoy a [se puede nombrar aquí a la persona]. Donde yo no llego, llega tú. Lo que yo no pude decirle, díselo tú.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Día 2La comunión de los santos

El Credo afirma que creemos en la comunión de los santos, y esa frase incluye a los que han muerto. El vínculo con ellos no se rompió: cambió de forma. Podemos seguir haciendo algo por ellos, y ellos por nosotros.

Señor, que no viva el duelo como una separación absoluta. Que crea de verdad que seguimos formando parte de la misma familia, aunque ahora no pueda verles.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Día 3La purificación como maduración

La Iglesia enseña que quienes mueren en la amistad de Dios pero necesitan aún purificarse alcanzan la salvación tras una purificación (Catecismo, n. 1030). No es un castigo ni una segunda oportunidad: es el amor terminando de hacer su trabajo en quien ya está salvado.

Señor, purifica en ellos lo que quedó a medias, y purifícame a mí mientras estoy a tiempo. Que no deje para después lo que puedo reparar hoy.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Día 4Por los que nadie recuerda

Hay difuntos por los que ya no reza nadie porque no queda nadie que los conociera. La tradición cristiana ha tenido siempre un cuidado especial con ellos, y esa atención dice algo hermoso: el valor de una persona no depende de que alguien la recuerde.

Señor, te encomiendo hoy a los olvidados, a los que murieron solos, lejos de casa o sin nombre conocido. Tú sabes quiénes son.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Día 5El duelo que no se cura del todo

Perder a alguien no es un problema que se resuelva. El dolor cambia de intensidad, se vuelve habitable, pero no desaparece del todo, y no tiene por qué. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro sabiendo lo que iba a hacer a continuación.

Señor, no me pidas que deje de echarle de menos. Ayúdame a llevar esta ausencia sin que me amargue y sin sentir que recordarle es quedarme atrás.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Día 6La esperanza no es optimismo

La esperanza cristiana no consiste en pensar que todo saldrá bien ni en suavizar lo ocurrido con frases hechas. Consiste en afirmar que la muerte no tiene la última palabra, y eso se afirma mirando de frente lo que ha pasado, no mirando hacia otro lado.

Señor, líbrame de los consuelos falsos. No quiero que me digan que era lo mejor. Quiero poder decir, sin mentirme, que volveremos a vernos.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Día 7La Eucaristía por ellos

Desde muy antiguo el modo principal en que la Iglesia reza por los difuntos es la Misa. San Agustín cuenta que su madre Mónica, antes de morir, no le pidió un sepulcro elaborado sino solo que la recordara en el altar (Confesiones IX, 11).

Señor, enséñame a ofrecer por ellos lo que de verdad vale. Que participe en la Misa acordándome de los míos, que es donde de verdad nos encontramos.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Día 8Preparar la propia muerte

Rezar por los difuntos acaba enseñando a mirar la propia muerte sin pánico. No se trata de vivir obsesionado sino de vivir sabiendo que esto se acaba, que es justo lo que da peso a lo que hacemos hoy.

Señor, que la muerte no me encuentre con las cosas importantes sin decir. Dame arreglar lo que tengo que arreglar y decir lo que tengo que decir, mientras pueda.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Día 9La resurrección

El último día no mira al pasado sino al futuro. La fe cristiana no promete la inmortalidad del alma como consuelo filosófico: promete la resurrección, es decir, que la persona entera, con su historia y su rostro, vuelve a vivir.

Señor, termino esta novena encomendándote a los míos. Guárdales hasta el día en que nos devuelvas los unos a los otros, y que aquel día no nos falte nadie.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Al terminar

Oración de cierre (rezar cada día)

Dales, Señor, el descanso eterno,
y brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz.
Amén.

La novena entera

Audio narrado

Los nueve días seguidos. Para escuchar solo el día que te toca, usa el botón que hay debajo de cada día.

Cuándo se reza: los dos calendarios

Esta novena tiene dos usos distintos y conviene distinguirlos, porque quien llega aquí suele estar en uno de los dos.

El primero es el calendario litúrgico. La Conmemoración de todos los Fieles Difuntos es el 2 de noviembre, y para que el noveno día coincida con ella la novena empieza el 25 de octubre. Es la costumbre más extendida en España y en buena parte de América Latina, donde se enlaza con la visita al cementerio de esos días.

El segundo es el duelo concreto. Cuando ha muerto alguien cercano, la novena se reza los nueve días siguientes al fallecimiento o al funeral, y en muchos lugares de América Latina se hace en casa, con la familia y los vecinos, en lo que se conoce como el novenario. Ahí las fechas las marca la muerte, no el calendario.

Las dos formas son igual de válidas y el texto es el mismo. En el primer día y en el noveno se deja un espacio para nombrar en voz alta a la persona por la que se reza, que es lo que la mayoría de la gente viene buscando.

No hay ninguna obligación de completar los nueve días seguidos ni se pierde nada si se interrumpe. La novena es una ayuda para acompañar un proceso, no un requisito que cumplir.

Qué enseña la Iglesia sobre rezar por los muertos

La práctica es muy antigua. El Segundo libro de los Macabeos recoge ya una ofrenda por los caídos en combate, y las inscripciones de las catacumbas romanas piden oraciones por los enterrados allí. La Iglesia no inventó la costumbre: la recibió.

El fundamento doctrinal es lo que el Credo llama la comunión de los santos. La caridad no se interrumpe con la muerte, de modo que quienes vivimos podemos seguir haciendo algo por quienes murieron, y ellos por nosotros. El Catecismo lo formula en los números 1030 a 1032.

Sobre la purificación conviene decir lo que la doctrina dice y no más. El Catecismo enseña que quienes mueren en la gracia de Dios pero aún imperfectamente purificados alcanzan la salvación tras una purificación. Dos matices que suelen perderse: se trata de personas que ya están salvadas, no de un destino incierto, y la Iglesia nunca ha definido ni la duración ni la naturaleza de ese estado. La imaginería de llamas y plazos que circula en la cultura popular es literatura medieval, sobre todo Dante, no doctrina.

Benedicto XVI lo explicó en la encíclica Spe salvi comparándolo con un encuentro que transforma y quema lo que sobra, no con un castigo. Esa es la clave en la que está escrita esta novena.

La forma principal en que la Iglesia reza por los difuntos no es la novena sino la Misa. San Agustín cuenta que su madre Mónica, poco antes de morir, no le pidió un sepulcro sino que la recordara en el altar.

El duelo, y lo que no hay que decirle a quien lo lleva

Una novena por un difunto rara vez se reza en frío. Suele rezarla alguien que lo está pasando mal, y por eso esta merece una advertencia que no es devocional sino de sentido común.

El duelo no se cura, se aprende a llevar. Cambia de intensidad, se vuelve habitable, y sigue ahí. No hay un plazo después del cual esté mal seguir echando de menos a alguien. La sexta meditación de esta novena se ocupa precisamente de eso, porque la esperanza cristiana no consiste en sentirse mejor sino en afirmar algo sobre la realidad.

Hay frases que se dicen con buena intención y hacen daño: que era lo mejor, que ya no sufre, que Dios lo necesitaba, que hay que ser fuerte. Ninguna es teología y todas piden implícitamente al doliente que deje de molestar con su dolor. El Evangelio ofrece un modelo bastante más útil: ante la tumba de Lázaro, Jesús lloró, y lloró sabiendo perfectamente lo que iba a hacer a continuación. Saber cómo termina la historia no ahorra el llanto.

Para quien acompaña a alguien en duelo, lo más valioso suele ser lo más simple: estar, nombrar al muerto sin miedo y no tener prisa. Rezar esta novena junto a la familia, como se hace en el novenario latinoamericano, cumple esa función mucho antes que cualquier otra.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se reza la novena de difuntos?
Hay dos costumbres. Por el calendario litúrgico, del 25 de octubre al 2 de noviembre, para que el noveno día coincida con la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. Por duelo concreto, los nueve días siguientes al fallecimiento o al funeral, que es lo que en buena parte de América Latina se llama el novenario. Las dos son válidas y el texto es el mismo.
¿Se puede rezar la novena por alguien que murió hace años?
Sí, sin ninguna limitación de tiempo. La oración por los difuntos no caduca ni depende de cuánto haga que murieron. También puede rezarse por varias personas a la vez, o por aquellos por los que ya no reza nadie porque no queda quien los conociera, que es la intención del cuarto día.
¿Qué enseña la Iglesia sobre la purificación después de la muerte?
Que quienes mueren en la gracia de Dios pero necesitan aún purificarse alcanzan la salvación tras una purificación (Catecismo, n. 1030). Dos precisiones importantes: son personas que ya están salvadas, no en un destino incierto, y la Iglesia nunca ha definido ni la duración ni la naturaleza de ese estado. Las imágenes de llamas y plazos son literatura medieval, no doctrina.
¿Qué más se puede hacer por un difunto además de la novena?
Lo principal es encargar o participar en una Misa por él, que es la forma central en que la Iglesia reza por los difuntos desde los primeros siglos. También la limosna y las obras de caridad ofrecidas por esa intención, y la visita al cementerio en los primeros días de noviembre, a la que están asociadas indulgencias.

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