Salmo 23: El Señor es mi pastor
El Salmo 23 es el más conocido de los 150 salmos bíblicos y uno de los textos más rezados de toda la historia de la humanidad. En seis versículos, David pinta dos imágenes perfectas: el Señor como pastor que guía y el Señor como anfitrión que protege.
Salmo 23 — versión de la Liturgia de las Horas (traducción litúrgica oficial en español)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace reposar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
El salmo más rezado de la historia
El Salmo 23 lleva en el título original «Salmo de David», y la tradición judía y cristiana lo ha considerado siempre obra del rey David, quien conocía de primera mano la vida pastoril: pasó su infancia cuidando los rebaños de su padre Jesé en Belén antes de ser ungido rey por Samuel (1 Sam 16,11-13). Esa experiencia directa late en cada imagen del salmo.
Pertenece a un grupo de salmos de confianza (junto al Salmo 46 y el Salmo 91), en los que el orante no pide nada sino que proclama su certeza de que Dios provee. No es una súplica sino una declaración de fe: «nada me falta».
Según la numeración hebrea moderna es el salmo 23; en la tradición griega de los Setenta (LXX) y en la Vulgata latina de san Jerónimo lleva el número 22. En la Liturgia de las Horas en español y en la Misa ordinaria se usa la versión que comienza con «El Señor es mi pastor», mientras que algunas traducciones protestantes (Reina-Valera 1960) dicen «Jehová es mi pastor». La diferencia es puramente de nombre divino: el texto hebreo tiene YHWH en ambos casos.
El pastor y el anfitrión: dos metáforas en seis versículos
El salmo tiene una estructura en dos partes claramente diferenciadas que corresponden a dos imágenes de Dios.
La primera (vv. 1-4) pinta a Dios como pastor. El pastor orienta, no el rebaño: «me conduce hacia fuentes tranquilas», «me guía por el sendero justo». La «vara» mencionada en el versículo 4 es el bastón corto que el pastor usaba para defender al rebaño de depredadores; el «cayado» es el bastón largo con gancho para rescatar a la oveja caída en una grieta. Ambos instrumentos juntos son imagen completa de la protección divina.
«Cañadas oscuras» (v. 4) traduce el hebreo gê' tzalmávet, literalmente «valle de sombra de muerte» — un barranco sin luz donde los lobos atacan. Que el orante no tema en ese lugar no es negación del peligro sino confianza radical en la presencia del pastor: «porque tú vas conmigo».
La segunda imagen (vv. 5-6) cambia de registro: ahora Dios es el anfitrión que prepara una mesa y unge al huésped con aceite perfumado, gesto de bienvenida en el mundo antiguo próximo-oriental. «Enfrente de mis enemigos» no significa que los enemigos sean invitados también: significa que el huésped está tan seguro en la casa del anfitrión que puede comer con calma aunque sus adversarios estén fuera. La «copa que rebosa» es imagen de abundancia.
El último versículo cierra el salmo con una declaración de permanencia: «habitaré en la casa del Señor por años sin término». En su sentido literal refería al Templo de Jerusalén; para la tradición cristiana apunta a la comunión eterna con Dios.
El Salmo 23 en la liturgia católica
El Salmo 23 ocupa un lugar central en la liturgia católica. Se canta o recita como salmo responsorial en varios domingos del ciclo litúrgico ordinario, con especial frecuencia en el Tiempo de Pascua (cuarto domingo, año A), donde el responsorio «El Señor es mi pastor, nada me falta» acompaña la parábola del Buen Pastor (Jn 10).
En el rito de difuntos, el Salmo 23 tiene un protagonismo único. Aparece en el Oficio de Lecturas de la Vigilia por los difuntos y en muchas formas de la Misa de exequias. El motivo es claro: el «valle de sombra de muerte» que el creyente no debe temer y la «casa del Señor» donde habitará para siempre hacen del Salmo 23 el texto más apropiado para acompañar la fe ante la muerte.
En el sacramento de la Unción de los Enfermos y en el rito del Viático — la comunión que se administra a los moribundos — el Salmo 23 se recomienda específicamente en el Ritual Romano como canto de confianza. Los primeros cristianos, según el teólogo Ambrosio de Milán (s. IV), lo rezaban mientras los neófitos se acercaban al altar en su primera eucaristía.
La antífona más común en la Liturgia de las Horas es precisamente el versículo 1: «El Señor es mi pastor, nada me falta», que se usa en las Vísperas del domingo de la cuarta semana.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la versión católica del Salmo 23?
¿Qué significa 'cañadas oscuras' en el Salmo 23?
¿Cuándo se reza el Salmo 23 en la liturgia católica?
¿Quién escribió el Salmo 23?
Fuentes consultadas
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