Salmo 4
«Me acuesto, me duermo y me despierto, porque el Señor me sostiene»: el Salmo 4 es la oración de la noche por excelencia del Salterio. Nueve versículos que recorren el camino desde la angustia inicial, que invoca a Dios en el aprieto, hasta la serenidad del versículo final, que puede dormir en paz porque sabe en quién confía.
Libro de los Salmos · versión litúrgica (Liturgia de las Horas). Salmo de confianza vespertina, rezado en las Completas (oración de la noche) del rito romano.
Cuando te invoco, respóndeme,
Dios de mi derecho;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí, escucha mi oración.
Hijos de Adán, ¿hasta cuándo
daréis a mi honra la ofensa?
¿Amáis lo que es vano,
buscáis mentira?
Sabed que el Señor hizo maravillas con su fiel;
el Señor me escucha cuando le llamo.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en vuestro lecho y callaos.
Ofreced sacrificios de rectitud
y confiad en el Señor.
Son muchos los que preguntan:
«¿Quién nos mostrará la dicha?»
Que brille sobre nosotros la luz de tu rostro.
Señor, tú has puesto en mi corazón
una alegría más grande
que cuando abundan el trigo y el mosto.
Me acuesto, me duermo y me despierto,
porque el Señor me sostiene.
La oración de la noche: el Salmo 4 en las Completas
Las Completas son la última oración del día en la Liturgia de las Horas: la oración con la que la Iglesia termina la jornada antes del descanso nocturno. Su nombre viene del latín completorium, el «acabamiento» del día. En el rito romano, las Completas del domingo incorporan el Salmo 4 junto al Salmo 133 (el brevísimo salmo de la noche) y el Salmo 91 (el gran salmo de la protección divina). La elección del Salmo 4 para ese momento no es decorativa: su último versículo, «me acuesto, me duermo y me despierto, porque el Señor me sostiene», es la formulación más precisa posible de lo que la oración nocturna busca hacer en el creyente.
El salmo tiene una estructura de movimiento: empieza con una petición urgente («cuando te invoco, respóndeme»), pasa por un momento de reproche a los que buscas la vanidad, confirma la seguridad del justo que el Señor escucha, y termina en la paz de quien puede dormirse sin miedo. Este arco, de la angustia a la serenidad, convierte al Salmo 4 en un modelo de lo que la liturgia llama examen de conciencia nocturno: la revisión del día, la entrega de las preocupaciones a Dios, el descanso confiado.
La tradición monástica occidental recibió este salmo como el salmo de Completas por excelencia. San Benito, en el capítulo 17 de su Regla, prescribe que las Completas incluyan tres salmos; en la práctica de muchas comunidades benedictinas, el Salmo 4 ha estado presente desde los primeros siglos. John Henry Newman, cardenal del siglo XIX, dejó escrito que el Salmo 4 era la oración que más le ayudaba a cerrar el día con paz.
«Una alegría más grande»: la paradoja de la paz interior en el Salmo 4
El versículo más teológicamente denso del Salmo 4 es el 7-8: «Señor, tú has puesto en mi corazón una alegría más grande que cuando abundan el trigo y el mosto». La imagen del trigo y el mosto designa la prosperidad material en su forma más concreta y deseada: la cosecha abundante y el vino del año. El salmista reconoce que Dios le ha dado algo más grande que eso.
Pero, ¿cuándo se escribe este salmo? En un momento de dificultad. El versículo 2 habla de «aprieto»; los versículos 3-4 interpelan a adversarios. No es un salmo de prosperidad: es un salmo de crisis en que el orante, en medio del problema, descubre que tiene una alegría que los problemas no pueden quitarle. Esta paradoja es la que más ha fascinado a los comentaristas. San Agustín, al comentar este versículo, escribe que la alegría del corazón puesta por Dios no depende de las circunstancias externas y por eso no puede ser arrebatada por ninguna circunstancia externa.
La misma paradoja aparece en el Nuevo Testamento. San Pablo, escribiendo desde la cárcel a los filipenses, les dice: «Alegraos en el Señor siempre; os lo repito, alegraos» (Flp 4:4). Y un poco después: «He aprendido a contentarme en cualquier situación» (Flp 4:11). La alegría cristiana no es ausencia de sufrimiento sino presencia de algo mayor que el sufrimiento: la certeza de ser sostenidos. El Salmo 4 formula esta experiencia con una imagen sencilla que cualquier agricultor del Oriente antiguo podía entender: hay algo más nutritivo que la mejor cosecha.
«Tú que en el aprieto me diste anchura»: estructura y vocabulario del Salmo 4
El primer versículo del Salmo 4 encierra una de las metáforas más precisas de toda la Biblia para describir la relación entre la angustia y la acción de Dios: «tú que en el aprieto me diste anchura». En hebreo, el par de palabras es tsarah (angustia, estrechez) y rahab (amplitud, espacio). El aprieto es literalmente el lugar estrecho donde no hay por dónde moverse; la anchura es el espacio abierto donde el movimiento es posible. Dios actúa convirtiendo lo estrecho en ancho, el atasco en apertura.
Esta metáfora espacial es característica de los salmos de confianza. El mismo vocabulario aparece en el Salmo 18:19 («me sacó a lugar espacioso») y en el Salmo 31:8 («me pusiste en lugar espacioso»). Los exegetas señalan que esta imagen probablemente tiene raíces en la experiencia real del campamento o la ciudad sitiada: el lugar estrecho donde no cabe el movimiento y la salida al campo abierto. Aplicada a la vida interior, describe con exactitud lo que el Salmo 4 quiere comunicar: Dios no elimina necesariamente el problema, pero da espacio para moverse dentro de él.
El salmo está atribuido en su encabezado (en las versiones que incluyen el título) a David, con la indicación «al maestro de coro, con instrumentos de cuerda». Esta notación musical sugiere que se cantaba en el culto del templo con acompañamiento de instrumentos de cuerda (neginot en hebreo). La tradición cristiana lo integró en la oración nocturna y gradualmente lo despojó de su contexto de culto oficial para convertirlo en la oración personal del creyente que se acuesta y confía.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se reza el Salmo 4 por la noche?
¿Qué significa «tú que en el aprieto me diste anchura»?
¿Cuándo se reza el Salmo 4 en la Liturgia de las Horas?
¿Hay diferencia entre el Salmo 3 y el Salmo 4 en la Vulgata?
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