De Oración
Salmos bíblicos

Salmo 31

«En tus manos encomiendo mi espíritu»: el Salmo 31 contiene el versículo que el evangelio de Lucas pone en boca de Jesús como última palabra antes de morir. Esa sola frase ha bastado para convertirlo en uno de los salmos más presentes en la liturgia cristiana, en la oración de la noche y en el acompañamiento de los enfermos. El resto del texto alterna la confianza más serena con la descripción cruda del abandono, y esa mezcla es justamente lo que lo hace útil.

Redacción de De OraciónPublicado el 20 sept 2026Revisado el 20 sept 20266 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Libro de los Salmos · versión litúrgica (Liturgia de las Horas). Sus primeros versículos se rezan en Completas del viernes; el versículo 6 forma parte del responsorio de esa misma hora todos los días.

En ti, Señor, me cobijo;
que no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí,
date prisa en socorrerme.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque tú eres mi peña y mi alcázar.

Guíame y condúceme por tu nombre;
sácame de la trampa que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu;
tú, el Señor Dios fiel, me librarás.

Odio a los que veneran ídolos vanos,
y yo confío en el Señor.
Me alegraré y regocijaré con tu amor,
porque has visto mi miseria,
conocías mis angustias,
no me entregaste al enemigo,
pusiste en lugar espacioso mis pies.

Ten piedad de mí, Señor,
que estoy en apuros;
los ojos, la garganta, el pecho
se me consumen de tristeza.
Se consume mi vida en el dolor
y mis años en gemidos.
Mis fuerzas se agotan en la miseria,
mis huesos se debilitan.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos:
los que me ven en la calle huyen de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un trasto inútil.
Escucho el cuchicheo de la gente,
el terror me cerca por todas partes,
cuando se confabulan contra mí
y traman quitarme la vida.

Pero yo confío en ti, Señor;
te digo: «Tú eres mi Dios,
mi suerte está en tu mano».
Libra mi vida de mis enemigos
y de mis perseguidores.
Ilumina tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.

¡Oh Señor, que no quede yo defraudado
al invocar tu nombre!
Amad al Señor todos sus fieles:
el Señor guarda a sus leales
y devuelve con creces al que obra con soberbia.
Sed fuertes y valentosos de corazón,
los que esperáis en el Señor.
Audio narrado

El versículo de la Cruz y su recorrido posterior

El versículo 6 del Salmo 31 es una de las frases más citadas de todo el Antiguo Testamento, y lo es por una razón concreta: Lucas 23,46 la pone en boca de Jesús como su última palabra. El evangelista añade un vocativo que el salmo no tiene, «Padre», y con ese añadido la frase cambia de registro sin dejar de ser la misma.

El detalle que suele pasarse por alto es que se trata de una oración judía ordinaria. Era, y sigue siendo, la fórmula que se recita antes de dormir, porque el sueño se entendía como un abandono voluntario de la conciencia en manos de Dios. Al citarla en la Cruz, Jesús no inventa una despedida solemne: reza lo que cualquier judío rezaba cada noche.

La tradición cristiana recogió la frase y la multiplicó. Aparece en el relato de la muerte de Esteban en Hechos 7,59, aunque allí dirigida a Jesús y no al Padre, lo que la convierte en uno de los testimonios más antiguos de oración cristiana dirigida a Cristo. Reaparece después en los relatos de martirio, en los rituales de acompañamiento a los moribundos y en la práctica devocional de la última hora.

Sacado de ese contexto, el versículo dice algo más amplio que la muerte. Encomendar el espíritu es reconocer que la propia vida no está bajo control propio, algo que se comprueba cada noche al dormirse y cada vez que algo se escapa de las manos.

Refugio, roca y alcázar: el vocabulario de la protección

Los primeros versículos acumulan un vocabulario arquitectónico que no es decorativo. El orante pide a Dios que sea «roca de refugio» y «alcázar», dos imágenes tomadas del paisaje y de la ingeniería militar de Judá.

La roca remite a los farallones del desierto, donde las grietas de la piedra ofrecían el único escondite posible a quien huía. Es una protección pasiva: la roca no hace nada, simplemente está y no se mueve. El alcázar, en cambio, es una construcción, una fortaleza levantada por alguien con la intención de resistir. Al juntar las dos imágenes el salmo dice que Dios protege de las dos maneras, por lo que es y por lo que hace.

La versión litúrgica española traduce por «alcázar» un término hebreo que designa una plaza fuerte en altura. La elección de la palabra, de origen árabe, es un buen ejemplo de cómo la traducción bíblica española ha buscado equivalencias en el propio paisaje peninsular.

Estas imágenes fundamentan el uso litúrgico del salmo en momentos de amenaza. No prometen que no pase nada: prometen un lugar donde estar mientras pasa. La diferencia es importante, porque el salmo mismo, unos versículos más abajo, describe con detalle una situación que no se ha resuelto.

El bloque de la aflicción y por qué no se suprime

Entre la confianza inicial y la confianza final, los versículos 10 a 14 describen un estado de deterioro que sorprende a quien conoce el salmo solo por su versículo famoso. Hay agotamiento físico, hay vergüenza social, hay gente que cambia de acera y hay quien conspira. La frase más dura es la que se compara con un objeto roto que se tira.

La liturgia suele recortar este bloque. En Completas se rezan solo los primeros versículos, y en el uso devocional se cita casi siempre el 6. Es comprensible, pero merece la pena leerlo entero al menos una vez, porque el sentido del salmo depende de esa parte.

Lo que el Salmo 31 hace es poner juntas dos cosas que normalmente se separan: la declaración de confianza y la descripción exacta de la desgracia. No dice que confiar haga desaparecer el problema. El versículo 15 es un «pero yo confío en ti» que llega después de todo lo anterior y sin cancelarlo.

Esta estructura explica su eficacia pastoral. A quien está mal no se le ofrece un texto que niegue lo que le pasa sino uno que lo nombra con precisión y, aun así, termina donde termina. El salmo cierra con una exhortación en plural, dirigida a los demás, que es el movimiento habitual de los salmos de lamento: el que ha sido sostenido se vuelve hacia la comunidad.

Preguntas frecuentes

¿El Salmo 31 es el mismo que el Salmo 30?
Sí. El Salmo 31 corresponde a la numeración hebrea del texto masorético, que siguen las traducciones modernas y la versión litúrgica española. El Salmo 30 es la numeración de la Septuaginta griega y la Vulgata latina, usada en las ediciones anteriores a la reforma del Concilio Vaticano II y en los comentarios de los Padres. Es el mismo texto con dos numeraciones.
¿Dónde dice la Biblia «en tus manos encomiendo mi espíritu»?
En el versículo 6 del Salmo 31. Lucas 23,46 lo cita como la última palabra de Jesús en la Cruz, añadiendo el vocativo «Padre». Era una oración judía de uso cotidiano que se recitaba antes de dormir. En Hechos 7,59 reaparece en el relato de la muerte de Esteban, allí dirigida a Jesús.
¿Cuándo se reza el Salmo 31 en la liturgia?
Sus primeros versículos son los de Completas del viernes en la Liturgia de las Horas. Además, el versículo 6 forma parte del responsorio breve de Completas todos los días del año, de modo que la Iglesia lo repite cada noche antes de dormir. También aparece en la liturgia de la Semana Santa y en los ritos de acompañamiento a los enfermos.
¿Por qué el Salmo 31 pasa de la confianza a la angustia y vuelve?
Porque es un salmo de lamento con declaración de confianza, un género que no separa las dos cosas. Los versículos 10 a 14 describen el agotamiento, el aislamiento social y la amenaza sin suavizarlos, y el versículo 15 retoma la confianza sin cancelar lo anterior. El salmo no afirma que confiar elimine el problema, sino que se puede confiar estando dentro de él.

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