De Oración
Salmos bíblicos

Salmo 16

«El Señor es el lote de mi herencia y mi copa»: el Salmo 16 es uno de los salmos de confianza más perfectos del Salterio. Once versículos donde el orante no pide nada concreto, no describe ningún peligro específico, no cuenta ninguna hazaña divina pasada. Solo declara que Dios es su bien, su herencia, su consejero nocturno, y la razón por la que puede dormir sereno. El apóstol Pedro citó el versículo 10 en el discurso de Pentecostés como profecía directa de la Resurrección de Cristo.

Redacción de De OraciónPublicado el 3 sept 2026Revisado el 3 sept 20265 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Libro de los Salmos · versión litúrgica (Liturgia de las Horas). Salmo de confianza total; su versículo 10 es citado en Hechos 2 como profecía de la Resurrección.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»

El Señor es el lote de mi herencia y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Me ha tocado un lote hermoso,
qué bella es mi herencia.

Bendigo al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Audio narrado

«El Señor es el lote de mi herencia»: la metáfora de la tierra y la suerte

El vocabulario del Salmo 16 está tomado de la distribución de la tierra de Canaán entre las tribus de Israel narrada en el libro de Josué. Cada tribu recibió un «lote» (goral en hebreo), un territorio asignado por sorteo. La tribu de Leví, sin embargo, no recibió territorio: «el Señor es su herencia» (Nm 18:20, Dt 10:9). El Salmo 16 toma ese estatuto levítico y lo aplica al orante individual: mi herencia no es un territorio sino Dios mismo.

Esta imagen del salmista como levita espiritual, cuya única posesión es la relación con Dios, ha fascinado a los comentaristas de todos los siglos. No es resignación ante la falta de bienes materiales: es una declaración de que la relación con Dios supera en valor a cualquier posesión territorial. La «copa» del versículo 5 refuerza la imagen: en la liturgia del templo, ciertas partes del sacrificio correspondían a los sacerdotes como su «porción». El Salmo 16 ve la vida entera del orante como esa porción sagrada.

Los versículos 7-8 introducen una imagen más personal: Dios como consejero que habla en la noche («hasta de noche me instruye internamente») y como compañero de camino siempre a la derecha. La derecha es, en el mundo antiguo, el lado de protección: el escudo se lleva en la mano izquierda para proteger el costado derecho, y el protector se coloca a la derecha del protegido. Dios como el compañero permanente a la derecha es la imagen más íntima del salmo.

«No me entregarás a la muerte»: Pedro en Pentecostés y la profecía de la Resurrección

El versículo 10 del Salmo 16 es uno de los versículos del Antiguo Testamento más importantes para la teología cristiana de la Resurrección: «porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción». En el discurso de Pentecostés (Hch 2:25-28), Pedro cita este versículo exactamente y añade el argumento decisivo: David, que escribió el salmo, murió y su tumba está entre nosotros. Por tanto, el «fiel» que no conocería la corrupción no puede ser David mismo sino alguien de su descendencia. Ese alguien es Cristo, cuya resurrección es la prueba de que el salmo se ha cumplido.

Esta lectura tipológica del Salmo 16 es uno de los argumentos bíblicos más sólidos de la predicación apostólica primitiva. Pablo repite el mismo argumento en Hch 13:35-37. En ambos casos, la lógica es la misma: si el salmista afirma que el Fiel de Dios no conocerá la corrupción, y si el Fiel de Dios es Cristo, entonces la Resurrección no es un acontecimiento imprevisto sino el cumplimiento de lo que ya estaba escrito.

La Liturgia de las Horas usa el Salmo 16 en las Completas del domingo, junto al Salmo 4 y al Salmo 91. Las tres oraciones nocturnas del domingo comparten el mismo tono: la serenidad del que puede dormirse porque sabe que Dios vela. El versículo final del Salmo 16 («me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha») ha sido leído por los Padres de la Iglesia como referencia a la vida eterna: la alegría que no se acaba porque no depende de nada que pueda acabarse.

El Salmo 16 y la tradición de los «salmos de confianza»

Los exegetas bíblicos agrupan el Salmo 16 dentro del género literario llamado «salmos de confianza», junto con los Salmos 23, 27, 62, 91 y 121. Estos salmos tienen en común que no parten de una situación de crisis aguda (a diferencia de los salmos de lamento) ni de una victoria ya obtenida (a diferencia de los salmos de acción de gracias): parten de una certeza habitual. El orante no está en el momento de mayor angustia ni en el momento de mayor alegría: está en la normalidad de la vida, y desde ahí declara que Dios es su seguridad.

Esta postura tiene implicaciones espirituales importantes. La confianza del Salmo 16 no es la del que acaba de ser librado de un peligro y por eso alaba. Es la del que ha interiorizado la presencia de Dios hasta el punto de que esa presencia es el suelo firme sobre el que camina siempre, no solo en las grandes crisis. San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, llamó a este estado «consolación sin causa precedente»: la alegría y la paz que no tienen un motivo externo identificable sino que brotan de la unión con Dios.

El Salmo 16 fue especialmente querido por los mártires de la Iglesia primitiva, según atestigua la literatura patrística. Eusebio de Cesarea recoge que muchos mártires rezaban los versículos 9-10 antes de su ejecución: «mi carne descansa serena, porque no me entregarás a la muerte». La confianza en la resurrección los hacía libres ante el poder del Estado. El versículo no prometía que no morirían, sino que la muerte no era el final.

Preguntas frecuentes

¿El Salmo 16 es el mismo que el Salmo 15?
Sí. El Salmo 16 es la numeración del texto hebreo masorético (base de las traducciones modernas, incluida la CEE). El Salmo 15 es la numeración de la Septuaginta griega y la Vulgata latina, usada en las ediciones litúrgicas históricas. La diferencia de numeración afecta al bloque central de los salmos (9-146) y explica que el mismo texto aparezca con distintos números según la edición.
¿Por qué Pedro cita el Salmo 16 en Pentecostés?
En Hechos 2:25-28, Pedro cita el versículo 10 («no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción») y señala que no puede referirse a David, que murió y cuya tumba conocen todos. Por tanto, el «fiel» que no conocería la corrupción es Cristo, cuya resurrección es el cumplimiento del salmo. Es uno de los primeros argumentos bíblicos de la predicación apostólica: la Resurrección no es un hecho nuevo sino el cumplimiento de lo escrito.
¿Cuándo se reza el Salmo 16 en la Liturgia de las Horas?
En las Completas del domingo de la semana I del ciclo cuaternario, junto a los Salmos 4 y 91. Las Completas son la última oración del día, y el Salmo 16 las cierra con su versículo final: «me saciarás de gozo en tu presencia». También aparece en algunos formularios de Oficio de Lecturas de fiestas del Señor.
¿Qué significa «tengo siempre presente al Señor»?
El versículo 8 («tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré») expresa una actitud de conciencia habitual de la presencia de Dios. La expresión hebrea shiviti («tengo siempre presente» o «he puesto delante de mí») da nombre a una tradición judía de caligrafía sagrada: las láminas shiviti, que reproducen el Nombre divino con letras decoradas, se colocaban en la sinagoga para recordar la presencia de Dios durante la oración.

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