El Magnificat
El cántico de María en la Visitación, recogido por Lucas (1, 46-55). Una oración de tres minutos en boca de una adolescente de Galilea, que mil años después se convirtió en el cántico fijo de las Vísperas y, todavía hoy, abre cada noche la oración de la Iglesia universal.
Magnificat — versión de la Liturgia de las Horas
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Origen: una adolescente de Galilea en casa de su prima
El Magnificat aparece una sola vez en la Biblia, en el primer capítulo del Evangelio de Lucas (versículos 46 al 55). Es la respuesta de María al saludo de su prima Isabel, durante la Visitación. Lucas sitúa la escena en una aldea de Judea, poco después de la Anunciación: María, embarazada de Jesús, ha recorrido más de cien kilómetros desde Nazaret para acompañar a Isabel —ya mayor y embarazada de Juan el Bautista— en los últimos meses de su gestación.
Quien pronuncia este cántico tiene, según los cálculos históricos más probables, entre 14 y 16 años. María es una campesina de Galilea, sin formación rabínica, perteneciente a un pueblo ocupado por Roma. Lo que dice, sin embargo, es una pieza literaria de altísima densidad teológica: cita o evoca al menos doce pasajes del Antiguo Testamento, en perfecto orden y simetría.
La autoría literal es objeto de debate académico desde hace siglos. Tres posturas principales:
• La tradición católica recibe el texto como palabras pronunciadas históricamente por María y conservadas por la memoria de la primera comunidad cristiana hasta llegar a Lucas.
• Una corriente exegética moderna lo lee como composición de Lucas al estilo de los cánticos veterotestamentarios, puesto en boca de María por verosimilitud literaria.
• Una tercera vía lo considera un himno judeocristiano preexistente —probablemente compuesto en el ambiente de los anawim, los pobres de Yahvé— que Lucas atribuyó a María por su perfecta adecuación a la escena.
Las tres posturas coinciden en lo esencial: el cántico expresa con exactitud la espiritualidad de la primera comunidad cristiana y, por extensión, de la propia María — la primera creyente.
Estructura literaria y eco del cántico de Ana
Los exegetas suelen dividir el Magnificat en cuatro estrofas, cada una con un movimiento teológico propio:
- Versos 46-47 — Acción de gracias personal. María alaba a Dios por lo que hace en ella. Es el único momento del cántico en que habla de sí misma en singular. El paralelismo entre «alma» y «espíritu» es típico de la poesía hebrea: dos formas de decir la misma cosa, reforzando el contenido.
- Versos 48-50 — De lo personal a lo universal. María explica por qué su alegría es relevante: porque Dios «ha mirado» a una mujer humilde y la ha hecho instrumento de su plan. Lo que vale para ella vale para todos los humildes que confían en Dios — su misericordia se extiende «de generación en generación».
- Versos 51-53 — La gran inversión social del Reino. El corazón del cántico. María describe en seis líneas la lógica del Reino de Dios: una inversión total entre quienes se creen poderosos por sí mismos y los que reconocen su pequeñez. Es la sección más comentada por la teología social del siglo XX y, también, la más impactante teológicamente.
- Versos 54-55 — La fidelidad a la promesa. Cierre histórico-salvífico: lo que ocurre con María es el cumplimiento de la antigua promesa hecha a Abraham. El cántico anuda la historia de Israel —desde el patriarca— con el momento presente de la Encarnación.
El cántico de Ana: el modelo veterotestamentario
Quien lea el Magnificat junto al cántico de Ana en 1 Samuel 2, 1-10 reconocerá inmediatamente la conexión. Ana, esposa estéril del juez Elcaná, había sido humillada durante años por su rival Penina. Tras suplicar al Señor, concibió y dio a luz a Samuel, el último gran juez y profeta de Israel. Su cántico de acción de gracias —pronunciado al consagrar el niño en el santuario de Silo— sigue exactamente el mismo movimiento teológico que María mil años después.
Las coincidencias son demasiado precisas para ser casuales:
• Ambas mujeres alaban al Señor por haber mirado su humildad o aflicción. • Ambas describen la inversión social que Dios opera (Ana: «el arco de los fuertes se quiebra y los flacos se ciñen de vigor»; María: la misma idea con vocabulario distinto). • Ambas terminan vinculando su experiencia personal con el destino histórico del pueblo de Dios.
María —que sin duda conocía las Escrituras de oídas, como toda joven judía piadosa de su tiempo— no «cita» a Ana al modo académico. Más bien respira en la misma tradición: la de las mujeres bíblicas que reconocen en Dios al que toma partido por los pequeños. Lucas, al recoger el Magnificat, hace explícita esta continuidad situando a María como la nueva Ana, a Jesús como el nuevo Samuel — y, más profundamente, como el cumplimiento mismo de toda la historia de Israel.
Uso litúrgico: el cántico evangélico de las Vísperas
Desde, al menos, el siglo VI —cuando San Benito de Nursia codifica el Oficio Divino en su Regla— el Magnificat es el cántico evangélico fijo de las Vísperas. Esto significa que la Iglesia universal lo reza, en latín o en lengua vernácula, todas las tardes del año. No hay una sola tarde litúrgica sin Magnificat.
En la Liturgia de las Horas reformada tras el Concilio Vaticano II, ocupa un lugar privilegiado dentro de las Vísperas:
• Se canta o recita después de la lectura breve y la respuesta. • Va precedido de una antífona distinta cada día —tomada de la liturgia del día o de la fiesta del santo correspondiente— que orienta el sentido del cántico hacia el misterio celebrado. • Durante el canto, la asamblea se pone de pie y, en muchas tradiciones, el sacerdote inciensa el altar — el mismo honor que se rinde al Evangelio en la Misa. • Se cierra siempre con la doxología «Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…».
Fuera de las Vísperas, el Magnificat aparece en otras dos celebraciones marianas señaladas:
• La Misa de la Visitación (31 de mayo), en la que es el evangelio del día. • La Misa de la Asunción (15 de agosto), en la que también se proclama Lucas 1, 39-56 — la escena completa que culmina con el cántico.
La devoción privada lo recoge además al final de muchas oraciones marianas, especialmente en los actos de consagración a María y en las visitas a santuarios.
Tradición musical: del gregoriano a Bach
Pocos textos litúrgicos han generado tanta música como el Magnificat. La razón es práctica: al cantarse cada tarde en cada monasterio, abadía y catedral del orbe cristiano, los compositores tuvieron mil quinientos años para ponerlo en música. La lista de versiones supera ampliamente las dos mil.
• Canto gregoriano: el Liber Usualis recoge ocho tonos gregorianos para el Magnificat —uno por cada modo de la escala medieval— de manera que cada Vísperas pueda usar el tono que armonice con el modo de la antífona del día. Es la forma más antigua y sigue siendo la base del canto litúrgico.
• Polifonía renacentista: Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero, Palestrina y Orlando di Lasso compusieron decenas de Magníficats polifónicos, normalmente alternando versículos cantados en gregoriano (versos impares) con versículos polifónicos (pares) — la técnica del alternatim.
• Barroco: el Magnificat en re mayor de Johann Sebastian Bach (BWV 243), compuesto en 1723 para las Vísperas de Navidad de Leipzig, es probablemente la versión más conocida fuera del ámbito litúrgico. Antonio Vivaldi escribió cuatro versiones; Claudio Monteverdi, dos; Heinrich Schütz, tres.
• Clásico y romántico: Mozart, Schubert y Bruckner aportaron versiones para la liturgia. Mendelssohn compuso una para la Pascua.
• Siglo XX y XXI: Arvo Pärt, John Rutter y James MacMillan han escrito Magníficats que se cantan hoy en parroquias y catedrales de todo el mundo. La tradición sigue viva.
No es casualidad que un texto pronunciado por una adolescente en una aldea de Galilea haya generado, a lo largo de mil quinientos años, más música sagrada que casi cualquier otro de la Biblia. El Magnificat es —en palabras de Joseph Ratzinger— «el cántico de la Iglesia que nace, y el cántico de la Iglesia que perdura».
Preguntas frecuentes
¿Qué dice exactamente el Magnificat?
¿Quién compuso el Magnificat?
¿Cuándo se reza el Magnificat?
¿Por qué se llama «Magnificat»?
Fuentes consultadas
- • Lucas 1, 46-55 — Cántico de María en la Visitación a Isabel
- • 1 Samuel 2, 1-10 — Cántico de Ana, modelo veterotestamentario del Magnificat
- • Catecismo de la Iglesia Católica §2619 (el Magnificat como oración de María y de la Iglesia)
- • Liturgia de las Horas — Cántico evangélico de las Vísperas (recitado o cantado cada tarde del año litúrgico)
- • Juan Pablo II — Audiencia general del 6 de noviembre de 2002, dedicada al Magnificat