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Salve Regina

Antífona mariana del siglo XI que cierra el rosario y las Completas de la Liturgia de las Horas. Atribuida tradicionalmente a Hermann el Tullido, monje benedictino de Reichenau. Es la más conocida de las cuatro grandes antífonas marianas con que la Iglesia despide cada noche a María.

Redacción de De OraciónPublicado el 1 may 2026Revisado el 4 may 20266 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Salve Regina — versión católica oficial

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa,
oh dulce siempre Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.
Audio narrado

Origen: un monje del siglo XI en la abadía de Reichenau

La autoría de la Salve Regina es una de las cuestiones más discutidas de la historia de la liturgia mariana, pero la tradición benedictina la atribuye a Hermann Contractus —Hermann el Tullido— monje de la abadía de Reichenau (en el lago Constanza, sur de la actual Alemania), muerto en 1054. Hermann padecía una parálisis severa desde la infancia y, a pesar de ello, fue uno de los grandes eruditos del siglo XI: matemático, astrónomo, cronista y compositor.

La atribución no es unánime. Otros nombres aparecen en las fuentes medievales: Adhemar de Le Puy (✝1098), obispo francés y predicador de la Primera Cruzada, y Pedro de Compostela, monje del siglo XII. Lo que sí parece histórico es que el texto cristaliza en su forma actual entre los siglos XI y XII, en el ambiente monástico centroeuropeo.

Quien la lanzó al uso universal fue San Bernardo de Claraval y la orden cisterciense en el siglo XII. Bernardo —el gran predicador mariano de la Edad Media— hizo de la Salve la antífona final de las Completas en todos los monasterios cistercienses. De ahí pasó a las demás órdenes, a los seculares y, finalmente, a toda la Iglesia latina.

Las cuatro antífonas marianas del año litúrgico

La Salve no es la única antífona con la que la Iglesia se despide de María cada noche. Son cuatro, repartidas a lo largo del año litúrgico, una para cada estación:

  • Alma Redemptoris Mater. Desde el primer domingo de Adviento hasta el 2 de febrero (fiesta de la Presentación). «Madre del santo Redentor, puerta del cielo siempre abierta…»
  • Ave Regina Caelorum. Desde el 2 de febrero hasta el Triduo Pascual (cuaresma). «Salve, Reina de los cielos, salve, Señora de los ángeles…»
  • Regina Caeli. Durante todo el tiempo pascual (de Pascua a Pentecostés). «Reina del cielo, alégrate, aleluya, porque el Señor a quien mereciste llevar, aleluya, ha resucitado según su palabra, aleluya.»
  • Salve Regina. Desde el lunes después de Pentecostés hasta el inicio de Adviento (es decir, durante todo el tiempo ordinario, más de seis meses al año). Es la que más cantamos por simple cuestión de calendario.

La Salve en el rosario

La incorporación de la Salve al final del rosario se debe a San Pío V, que en 1568 reformó el Misal y el Breviario Romanos y fijó la forma del rosario que rezamos hoy.

Hasta entonces, el rosario terminaba con un Padre Nuestro y un Ave María. Pío V añadió la Salve Regina como antífona conclusiva, dándole así el lugar que ocupa en la piedad popular hasta nuestros días.

En la práctica devocional moderna, la Salve se reza después de las Letanías Lauretanas y antes de la oración final por las intenciones del Papa. Es la última palabra que el rosario dirige a María cada día.

Por eso a menudo se canta, no se reza, especialmente en las celebraciones colectivas. La melodía gregoriana del tono solemne es la versión cantada más conocida — la de los monjes de Solesmes es referencia desde principios del siglo XX.

Preguntas frecuentes

¿Cómo es la oración de la Salve completa?
La versión católica oficial es: «Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.» El texto completo y formateado está arriba en esta página.
¿Quién compuso la Salve Regina?
La tradición benedictina atribuye la Salve Regina a Hermann Contractus —Hermann el Tullido—, monje de la abadía alemana de Reichenau, muerto en 1054. La autoría no es unánime: también se ha atribuido a Adhemar de Le Puy (✝1098) y a Pedro de Compostela. Lo cierto es que el texto cristaliza en el siglo XI en el ambiente monástico centroeuropeo y que San Bernardo de Claraval, en el siglo XII, fue quien la difundió a toda la Iglesia latina desde la orden cisterciense.
¿Por qué se llama «Salve Regina»?
«Salve» es el saludo latino clásico —el equivalente romano a un «hola» solemne— y «Regina» significa «Reina». La oración empieza en latín con «Salve Regina, Mater misericordiae» («Salve, Reina, Madre de misericordia») y de esas dos primeras palabras toma su nombre, como muchas oraciones latinas (Pater Noster, Ave Maria, Magnificat, Credo). En español la fórmula se traduce como «Dios te salve, Reina y Madre de misericordia», pero el título original «Salve Regina» se ha conservado intacto en todas las lenguas.
¿Cuándo se reza la Salve Regina?
La Salve Regina se reza al final del rosario (tras los misterios y las letanías), y como antífona mariana de cierre de las Completas en la Liturgia de las Horas durante todo el tiempo ordinario —desde el lunes después de Pentecostés hasta el inicio de Adviento, es decir, más de seis meses al año—. Las otras tres antífonas marianas (Alma Redemptoris Mater, Ave Regina Caelorum y Regina Caeli) la sustituyen en Adviento/Navidad, Cuaresma y Pascua respectivamente.
¿En qué idioma se reza originalmente la Salve Regina?
El texto original es en latín medieval: «Salve, Regina, Mater misericordiae, vita, dulcedo et spes nostra, salve…». Es la lengua en que se compuso en el siglo XI y la que sigue siendo oficial en el rito romano y en las melodías gregorianas. La traducción al español que rezamos hoy se fijó en los misales del siglo XVI por las conferencias episcopales de habla hispana, y mantiene fielmente la estructura del original. Tanto la versión latina como la castellana son litúrgicamente equivalentes.
¿Existe una melodía gregoriana oficial de la Salve?
Sí, dos. El Liber Usualis —el libro de canto oficial de la Iglesia romana— recoge el tono solemne de la Salve, una melodía elaborada que se canta en las celebraciones grandes (fiestas marianas, profesiones religiosas, despedidas), y el tono simple, una versión más sobria pensada para la oración cotidiana de las Completas. Ambas son del repertorio gregoriano clásico y se siguen cantando hoy. La grabación coral más conocida es la de los monjes de Solesmes, referencia desde principios del siglo XX.
¿Por qué dice «desterrados hijos de Eva» la Salve?
La expresión recoge la doctrina cristiana del destierro espiritual del ser humano tras el pecado original. La Iglesia, desde San Agustín, lee la historia de Adán y Eva como el momento en que la humanidad pierde la comunión plena con Dios y queda «en camino» hacia la patria definitiva, que es el cielo. La Salve sitúa al cristiano en esa condición de exiliado que pide la intercesión de María —«abogada nuestra»— para llegar al final del camino. El lenguaje es deliberadamente fuerte porque el contexto es la oración de la noche: pedir compañía mariana al cierre del día y, simbólicamente, al cierre de la vida.

Fuentes consultadas

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