Salmo 46
«Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza»: el Salmo 46 es uno de los más breves del Salterio y uno de los más poderosos. Once versículos que describen el caos del mundo, las naciones en guerra, los montes que se hunden en el mar, y en medio de todo eso una certeza que no se mueve: Dios es la alcázar que no cae. El estribillo que lo recorre, «el Señor de los ejércitos está con nosotros», ha sostenido a creyentes en crisis desde el exilio babilónico hasta hoy.
Libro de los Salmos · versión litúrgica (Liturgia de las Horas). Salmo del refugio divino en la tormenta; inspiró el himno de la Reforma Ein feste Burg ist unser Gott.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso auxilio en las angustias.
Por eso no tememos, aunque se tambalee la tierra
y los montes se trasladen al fondo del mar;
aunque rujan y se revuelvan sus aguas,
y su oleaje haga temblar los montes.
El río y sus brazos alegran la ciudad de Dios,
el más santo santuario del Altísimo.
Dios está en medio de ella, no vacilará;
Dios la auxilia al apuntar la mañana.
Braman las naciones, se tambalean los reinos;
él truena y la tierra se derrite.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
el Dios de Jacob es nuestra alcázar.
Venid a ver las obras del Señor,
los prodigios que ha obrado en la tierra:
él hace cesar las guerras hasta los confines del orbe,
quiebra el arco, destroza la lanza,
prende fuego a los escudos.
«Estad quietos, reconoced que yo soy Dios,
excelso entre las naciones, excelso en la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
el Dios de Jacob es nuestra alcázar.
El salmo que inspiró a Lutero: Ein feste Burg ist unser Gott
En 1527, Martín Lutero escribió Ein feste Burg ist unser Gott («Castillo fuerte es nuestro Dios»), el himno que se convertiría en el canto de batalla de la Reforma protestante. La primera estrofa traduce libremente el versículo 2 del Salmo 46: «Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso auxilio en las angustias». Lutero no escogió el Salmo 46 por azar: lo escribió durante el año más difícil de la Reforma, cuando la ciudad de Erfurt había sido devastada por la peste y él mismo vivía bajo amenaza de excomunión y proscripción imperial.
El Salmo 46 tiene en su encabezado hebreo la indicación «al maestro de coro, de los hijos de Coré, alamot», que los musicólogos bíblicos asocian a un registro agudo de voz femenina. Pertenece al grupo de los «salmos de Sión», junto con los Salmos 48 y 76, que celebran la inviolabilidad de Jerusalén como ciudad donde habita Dios. Esta teología de Sión tiene raíces en el profeta Isaías (caps. 28-33) y en el libro de Nahum: Dios habita en la ciudad y ella no puede ser destruida mientras él esté en medio de ella.
Para el creyente cristiano, la ciudad de Dios del Salmo 46 trasciende la geografía de Jerusalén. San Agustín tituló su obra más extensa De Civitate Dei («La ciudad de Dios»), en parte inspirado en este salmo y en el Salmo 87. La ciudad de Dios es para Agustín la comunidad de los que aman a Dios hasta el desprecio de sí mismos, en contraste con la ciudad terrena construida sobre el amor de sí hasta el desprecio de Dios. El Salmo 46 provee la imagen arquitectónica: una ciudad que no vacila porque Dios está en su interior.
«Estad quietos y sabed que yo soy Dios»: la espiritualidad de la quietud
El versículo 11 del Salmo 46 («Estad quietos, reconoced que yo soy Dios») es uno de los textos bíblicos más citados en la tradición contemplativa cristiana. El verbo hebreo raphah, traducido como «estad quietos» o «soltad», significa literalmente «aflojar, dejar ir, cesar de resistir». La imagen es la del arco demasiado tenso que hay que soltar antes de disparar: el orante que se afana y se agita tiene que soltar la tensión para reconocer quién es Dios.
Esta dinámica del «soltar» para encontrar a Dios la desarrolló Juan de la Cruz en el siglo XVI. La «noche oscura del alma» que describe en sus poemas y comentarios es precisamente el proceso por el que el alma suelta sus seguridades y certezas habituales (los «apoyos» espirituales y materiales) para llegar al conocimiento desnudo de Dios. El Salmo 46 provee el fundamento bíblico: no es que Dios exija quietud como condición de su presencia, sino que la quietud es el estado en que el ser humano puede reconocer una presencia que ya estaba.
Thomas Keating, fundador del movimiento de la Oración Centrante en el siglo XX, usó el Salmo 46 como uno de los textos de referencia de su método. La Oración Centrante parte de la idea de que la mayor parte del tiempo de oración es «ruido interior» que nos impide percibir a Dios, y que la práctica contemplativa consiste en aprender a «estar quietos» en el sentido del raphah hebreo. La explosividad del entorno descrito en el salmo (montes que se hunden, naciones que braman) hace más significativa la quietud pedida: es quietud en medio del caos, no quietud cómoda.
La estructura del Salmo 46: el estribillo como ancla
El Salmo 46 tiene una arquitectura musical precisa. Se divide en tres estrofas de distinta longitud, pero dos de ellas (la segunda y la tercera) terminan con el mismo estribillo: «El Señor de los ejércitos está con nosotros, el Dios de Jacob es nuestra alcázar». La palabra hebrea traducida como «alcázar» es misgab, que designa un lugar elevado inaccesible, una fortaleza natural sobre una roca alta. La imagen es la del refugio que el enemigo no puede escalar.
Muchos comentaristas señalan que el estribillo debería aparecer también al final de la primera estrofa, y que su ausencia puede deberse a un error de transmisión del texto o a una elección deliberada: la primera estrofa presenta el caos sin el consuelo del estribillo, para que el creyente experimente primero la magnitud de la tormenta antes de recibir la seguridad de la alcázar.
El título hebreo «Señor de los ejércitos» (Yhwh Tsabaot) es uno de los nombres de Dios más frecuentes en los profetas. Los «ejércitos» no son primariamente los ejércitos militares de Israel sino los ejércitos celestiales, las huestes angélicas que rodean el trono divino. Cuando el Salmo 46 dice que el Señor de los ejércitos está con nosotros, afirma que toda la potencia del cosmos está del lado de los que confían en Dios. El «Dios de Jacob» que aparece en paralelo remite a la historia del patriarca que luchó con el ángel y fue transformado: el Dios que acompaña en la lucha, no solo en la victoria.
Preguntas frecuentes
¿El Salmo 46 es el mismo que el Salmo 45?
¿Qué relación tiene el Salmo 46 con el himno de Lutero?
¿Qué significa «el Señor de los ejércitos» en el Salmo 46?
¿Cuándo se reza el Salmo 46 en la liturgia?
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