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Oración del día

Empezar el día con una oración no es un rito de costumbre sino un acto teológico: reconocer que el tiempo de hoy no nos pertenece, sino que lo recibimos. La Iglesia ha reservado las primeras horas de la mañana a Dios desde los primeros siglos, y esta es la oración con la que millones de católicos abren cada jornada.

Redacción de De OraciónPublicado el 27 jun 2026Revisado el 27 jun 20266 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Oración de Laudes — Liturgia de las Horas, Iglesia Católica

Señor Dios Omnipotente,
que nos has permitido llegar al principio de este día,
guárdanos hoy con tu poder,
para que no caigamos en pecado,
antes bien, que todos nuestros pensamientos,
palabras y obras se dirijan
a cumplir tu Santa Ley.

Señor Dios del cielo y de la tierra,
dígnate dirigir, santificar y gobernar
nuestros corazones y nuestros cuerpos,
nuestros sentidos, palabras y acciones
según tu Ley y por el camino de tus mandamientos,
para que aquí y en la eternidad
merezcamos ser salvados y libres.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
Audio narrado

La Iglesia y la mañana: dos mil años de oración al amanecer

El catolicismo no inventó la oración matutina: la heredó. El judaísmo ya prescribía el rezo del Shemá «cuando te levantes» (Dt 6,7), y los primeros discípulos de Jesús —todos judíos— mantuvieron ese ritmo de oración al amanecer. Lo que la Iglesia hizo fue organizarlo y profundizarlo hasta convertirlo en uno de los pilares de la Liturgia de las Horas.

La Liturgia de las Horas (también llamada Oficio Divino o Breviario) divide el día en momentos de oración comunitaria. El momento matutino por excelencia son los Laudes —del latín laudare, alabar— que se rezan al amanecer o al inicio de la jornada laboral. Durante siglos también existió la Prima (primera hora del día, las seis de la mañana), suprimida tras el Concilio Vaticano II para simplificar el Oficio pero cuyo espíritu sobrevive en los Laudes actuales.

El teólogo Joseph Ratzinger, antes de ser Benedicto XVI, escribió que los Laudes son «la oración en la que la creación entera, con el hombre como su voz, alaba al Creador al inicio de cada día». No es exageración: los Laudes incluyen el Cántico de los tres jóvenes (Dn 3,57-88), donde el sol, la luna, las estrellas, la lluvia y el viento son convocados a alabar a Dios —exactamente lo que hace quien abre su día con oración.

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta tradición en el número 2659: «La Iglesia invita a los fieles a la oración litúrgica de las Horas para que impregnen y transformen el tiempo». Impregnar el tiempo: así de ambicioso es el objetivo de la oración del día. No es pedir cosas concretas —aunque eso también cabe—, sino consagrar el tiempo mismo a Dios antes de que comience a llenarse de urgencias.

Tres oraciones del día según tu intención para hoy

No existe una única «oración del día». La tradición católica ofrece varias, cada una con un acento distinto. Aquí van tres, con su origen y su momento ideal:

Para consagrar el trabajo: la Ofrenda Matinal

Escrita por el jesuita François-Xavier Gautrelet en 1844 como oración de la Liga del Sagrado Corazón, la Ofrenda Matinal es hoy la oración matutina más difundida en el mundo católico. Su estructura es sencilla: ofrecer a Dios «las oraciones, trabajos, alegrías y sufrimientos de este día» en unión con la Misa que se celebra en todo el mundo. Quien la reza reconoce que cualquier tarea ordinaria del día —escribir un correo, lavar platos, estudiar, cuidar a alguien— puede tener valor eterno si se ofrece conscientemente. «Oh Jesús, por el Inmaculado Corazón de María, te ofrezco mis oraciones, trabajos, alegrías y sufrimientos de este día por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón. Amén.»

Para días difíciles: la oración de san Agustín al Espíritu Santo

San Agustín de Hipona (354-430) no tuvo una vida sencilla antes de su conversión, y su espiritualidad siempre conservó la conciencia de la fragilidad humana. Esta breve oración suya al Espíritu Santo es ideal para los amaneceres en los que el día que empieza da miedo o pesa: «Respira en mí, Espíritu Santo, para que todos mis pensamientos sean santos. Muévete en mí, para que también mi trabajo sea santo. Atrae mi corazón, para que ame sólo lo que es santo. Fortaléceme, para que pueda defender todo lo que es santo. Protégeme, para que yo sea siempre santo. Amén.»

Para pedir paz en las relaciones: la oración de san Francisco de Asís

Atribuida a san Francisco desde principios del siglo XX (aunque probablemente sea de autor anónimo inspirado en su espíritu), esta oración es especialmente apropiada para los días en que el trabajo implica tratar con personas: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Donde haya odio, déjame llevar amor. Donde haya ofensa, que yo lleve el perdón. Donde haya discordia, déjame llevar la unión. Amén.»

El salmo de la mañana: cómo usar los Laudes en la oración personal

Una de las preguntas más frecuentes sobre la oración del día es «¿cuál es el salmo para hoy?». La respuesta forma parte de la Liturgia de las Horas, que asigna salmos distintos a cada día de la semana en un ciclo de cuatro semanas. Para conocer el salmo exacto de cualquier día del año, basta acceder a cualquier breviario o a la web de la Conferencia Episcopal.

Pero existe un salmo que la tradición ha considerado el salmo de la mañana por excelencia: el Salmo 63 («Oh Dios, tú eres mi Dios, yo te busco al amanecer; mi alma tiene sed de ti, mi cuerpo te añora»). Escrito por David en el desierto —según la inscripción del salmo—, está construido sobre la imagen del amanecer: quien reza lo hace desde un lugar de sed, de oscuridad todavía reciente, mirando hacia la luz que empieza. El Salmo 5 («Escucha mis palabras, Señor, atiende a mis gemidos, presta oído a mi clamor, rey y Dios mío») es el segundo clásico matutino del Oficio romano.

Para quien quiera incorporar el salmo a su oración personal sin el aparato litúrgico completo, basta con leer despacio uno de estos salmos al comenzar el día, detenerse en el versículo que resuena y dejar que se convierta en diálogo. El método de la lectio divina aplicado al salmo matutino —leer, meditar, orar, contemplar— es la forma en que los monjes benedictinos han comenzado cada día durante quince siglos. No requiere formación especial: solo silencio y disponibilidad.

Preguntas frecuentes

¿Qué oración se reza para el día de hoy?
La oración del día por excelencia en el catolicismo es la oración de Laudes, primera parte de la Liturgia de las Horas, que comienza con la fórmula «Señor Dios Omnipotente, que nos has permitido llegar al principio de este día…». Es la oración oficial de la Iglesia para el amanecer y la rezan sacerdotes, religiosos y laicos cada mañana en todo el mundo. Puede complementarse con la Ofrenda Matinal («Oh Jesús, te ofrezco mis trabajos de este día…») o cualquier oración espontánea personal.
¿Cuál es la mejor oración para iniciar el día?
Depende del momento espiritual. La Ofrenda Matinal es ideal cuando quieres consagrar el trabajo del día a Dios. La oración de Laudes es apropiada para quien quiere unirse a la oración de toda la Iglesia. La oración de san Agustín al Espíritu Santo («Respira en mí, Espíritu Santo…») es especialmente útil en días difíciles o de incertidumbre. Y la oración de san Francisco («Señor, haz de mí un instrumento de tu paz») es perfecta cuando el día implica muchas interacciones con otras personas. Lo que la hace buena no es la fórmula sino la intención: ofrecer el día a Dios antes de que lo ocupe cualquier otra cosa.
¿Cuál es el salmo para hoy?
La Liturgia de las Horas asigna salmos diferentes a cada día de la semana en un ciclo rotatorio de cuatro semanas. Para conocer el salmo exacto del día de hoy, el recurso más sencillo es el breviario o la web de cualquier Conferencia Episcopal. Pero si buscas un salmo matutino universal, el Salmo 63 («Oh Dios, tú eres mi Dios, yo te busco al amanecer») es el clásico de la oración de madrugada, seguido del Salmo 5 («Escucha mis palabras, Señor, atiende a mis gemidos»). Ambos están en los Laudes del ciclo semanal.
¿Qué me dice Dios para el día de hoy?
La Iglesia responde a esta pregunta con la Liturgia de la Palabra diaria: cada día del año tiene asignadas lecturas del Antiguo Testamento, un salmo responsorial y una lectura del Nuevo Testamento (más el Evangelio en la Misa). Son los mismos textos en todo el mundo católico, para todos los fieles del mismo día. Acceder a esas lecturas —en la misa, en el Evangelio del día de Vatican News, o en cualquier misal diario— es la forma en que la Iglesia propone «escuchar lo que Dios dice hoy». La oración personal después de esa lectura es la respuesta del creyente.

Fuentes consultadas

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