De Oración
Oraciones básicas

Gloria al Padre

Tres segundos de alabanza a la Santísima Trinidad. La doxología más rezada del cristianismo, presente en cada decena del rosario, al final de cada salmo del oficio divino, y como cierre habitual de la oración personal. Su brevedad esconde mil seiscientos años de definición dogmática.

Redacción de De OraciónPublicado el 29 abr 2026Revisado el 29 abr 20264 min de lectura✦ Fuentes litúrgicas citadas

Gloria al Padre — versión católica oficial

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Amén.
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Qué es una doxología y por qué importa

Doxología (del griego doxa, gloria, y logos, palabra) significa literalmente «palabra de alabanza». La Iglesia las distingue en doxología mayor —el «Gloria a Dios en el cielo» que se canta en la Misa de los domingos y solemnidades— y doxología menor —el «Gloria al Padre» que se reza al final de los salmos, las decenas del rosario y muchas oraciones devocionales.

Esta segunda es la que aquí nos ocupa. Es la fórmula breve con la que el cristiano cierra una oración devolviendo todo el mérito a Dios — no a sí mismo, no a la criatura. Por eso aparece tantísimas veces al día en el oficio monástico: cada salmo termina con un Gloria, recordando que la oración cristiana siempre se dirige al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo.

Origen bíblico y forma definitiva

La primera mitad del Gloria —«Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo»— es eco directo de la fórmula bautismal que Jesús resucitado confió a los apóstoles en Mateo 28, 19: «id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Es la única vez en los Evangelios en que las tres personas divinas se nombran juntas en una fórmula litúrgica explícita.

La Iglesia primitiva añadió pronto a esta alabanza una segunda parte —«como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos»— y aquí entra la historia. En el siglo IV el sacerdote alejandrino Arrio empezó a enseñar que el Hijo era criatura del Padre, no eterno como Él. La crisis arriana sacudió a la Iglesia durante un siglo entero. Los concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381) definieron la fe trinitaria que rezamos en el Credo: el Hijo es consustancial al Padre, eterno como Él.

Añadir «como era en el principio» al Gloria no fue un detalle estético: fue una forma de meter la fe del Concilio en la boca de cada cristiano cada vez que rezara los salmos. Una doxología que confiesa, sin discutir, que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son eternos por igual.

Cuándo se reza

Aunque cabe en un suspiro, el Gloria se dice más veces al día en la Iglesia que casi cualquier otra oración. La tradición lo fija en estos momentos:

  • En el rosario. Al final de cada decena, después de los diez Aves Marías. En un rosario de cinco misterios se rezan cinco Glorias, más uno opcional al final tras la Salve.
  • Al final de cada salmo del Oficio Divino. La Liturgia de las Horas, rezada por el clero y miles de fieles laicos, termina cada salmo y cada cántico con un Gloria. Quien reza el oficio entero del día lo dice más de veinte veces.
  • Como cierre de la oración personal. La trilogía clásica «Padre Nuestro, Ave María y Gloria» —de la mañana, de la noche, antes de dormir— termina siempre con un Gloria. Es la firma cristiana de cualquier oración.
  • En la fórmula «Padre Nuestro, Ave María y Gloria». Como sufragio por las almas del purgatorio, en visitas al sagrario, antes de comer, después de comer, al pasar por delante de una iglesia. Una jaculatoria que cabe en cualquier hueco del día.

Preguntas frecuentes

¿Cómo es la oración del Gloria al Padre?
La versión católica oficial es: «Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.» El texto completo y formateado está arriba en esta página.
¿Cuándo se reza el Gloria al Padre?
Se reza al final de cada decena del rosario (cinco veces por rosario completo), al final de cada salmo en la Liturgia de las Horas, y como cierre habitual de la oración personal junto al Padre Nuestro y al Ave María. También se usa como jaculatoria breve en cualquier momento del día — antes y después de comer, al pasar por una iglesia, como sufragio por los difuntos.
¿Cuál es el origen del Gloria al Padre?
La primera parte («Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo») es eco de la fórmula bautismal de Mateo 28, 19. La segunda («como era en el principio, ahora y siempre…») se añadió en los siglos IV y V para subrayar que el Hijo y el Espíritu Santo son eternos como el Padre — una respuesta directa a la herejía arriana, definida por los concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381).
¿Por qué se dice «como era en el principio» en el Gloria?
Para confesar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son <em>igualmente eternos</em>. En el siglo IV el sacerdote Arrio sostuvo que el Hijo era criatura del Padre, no eterno como Él. La Iglesia respondió con los concilios de Nicea y Constantinopla, y metió la fe trinitaria en la boca de cada cristiano añadiendo esa frase al Gloria. Cada vez que la rezamos, repetimos el credo de la Iglesia universal.

Fuentes consultadas

  • Mateo 28, 19 — Fórmula bautismal trinitaria («en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo»)
  • Catecismo de la Iglesia Católica §§2639-2643 (sobre la alabanza y la doxología)
  • Concilio de Nicea (325) y Constantinopla (381) — Definición de la consustancialidad del Hijo y de la divinidad del Espíritu Santo
  • Regla de San Benito (c. 540), cap. 9-19 — Codificación del Gloria al final de los salmos en el Oficio Divino

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